1. Desigualdad económica
En el siglo XVIII Francia estaba profundamente dividida. La mayor parte de la población vivía en la pobreza, mientras una pequeña élite de nobles y mercaderes acaparaba la riqueza y el poder. Además, el Estado francés estaba ahogado en deudas, sobre todo por la financiación de guerras europeas, lo que obligó a subir los impuestos. Estos gravámenes recayeron de forma desproporcionada sobre los más necesitados, y la desaceleración del crecimiento económico a finales del siglo agravó aún más el sufrimiento popular.
2. Desigualdad social
La sociedad francesa también estaba marcada por una rígida jerarquía. La nobleza disfrutaba de privilegios como la exención de impuestos y el acceso a altos cargos públicos. El clero, propietario de vastas extensiones de tierra, gozaba de un estatus privilegiado. En contraste, los campesinos y la burguesía tenían escasos derechos y a menudo eran objeto de abusos y discriminación.
3. Ideas de la Ilustración
El movimiento ilustrado, que se difundió por Europa en el siglo XVIII, promovía la razón, la ciencia y la libertad individual. Los filósofos ilustrados cuestionaron las creencias y las instituciones tradicionales, sembrando un clima de crítica y deseo de cambio que contribuyó decisivamente al estallido de la revolución en Francia.