En términos generales, la vida del ciudadano ruso medio fue más difícil bajo el régimen totalitario soviético de la década de 1930 que bajo el dominio de los zares.
Represión política
El Estado soviético ejercía una vigilancia extrema; cualquier forma de disidencia era castigada con arrestos, trabajos forzados o ejecuciones. Millones fueron víctimas de la persecución política.
Mala gestión económica
La economía planificada mostraba graves ineficiencias. La escasez de alimentos, ropa y bienes de consumo era cotidiana, y la población luchaba por conseguir necesidades básicas.
Desigualdad social
La sociedad estaba dividida entre la élite del Partido Comunista, que disfrutaba de privilegios, y la mayoría de los ciudadanos, que vivían en condiciones de pobreza.
Represión cultural
El régimen controlaba la producción artística y cualquier obra considerada subversiva era censurada o prohibida, limitando la libertad creativa.
Terror constante
El uso sistemático del terror como herramienta de control mantenía a la población bajo un clima permanente de miedo a ser arrestada o ejecutada.
En contraste, bajo los zares existían también pobreza e inequidades, pero había mayor libertad política y social, y la gente podía expresar sus opiniones sin temor a represalias inmediatas. Además, había más oportunidades económicas.
El régimen soviético sí introdujo avances como la expansión de la educación, la atención sanitaria y la seguridad social, pero estos beneficios no compensaron los efectos devastadores de la represión, la escasez y el terror.