El mamut, un mamífero fósil emparentado con los elefantes, desapareció hace unos pocos milenios, pero su figura aparece en innumerables pinturas rupestres. Algunas culturas se vinculaban tan estrechamente a un animal que éste se convertía en su principal fuente de alimento, inspiraba su arte y permeaba su espiritualidad. Así hablamos de la civilización del bisonte entre los amerindios o de la del reno entre los lapones. ¿Qué ocurrió con los pueblos prehistóricos que eligieron al mamut como animal clave de su arte parietal?
El mamut, gigante de la Edad de Hielo
Hace 50 millones de años, en África, surgieron los mamuts. Este gran mamífero, primo de los elefantes pero no su ancestro, pertenece al orden de los proboscídeos (portadores de trompa).
Su cabeza era maciza pero aligerada por un cráneo con cavidades de aire. Sostenía una trompa de alrededor de 100 kg y colmillos de hasta 4 m de longitud. El cuerpo podía alcanzar los 4 m de altura en el lomo y pesar entre 6 y 8 toneladas; el mamut de la estepa (Mammuthus trogontherii) llegaba a 4,30 m y superaba las 10 toneladas.
Los mamuts crecían durante toda su vida y se alimentaban de hierbas y arbustos.
Sus enormes molares les permitían triturar hasta 200 kg de vegetación al día. El tipo de planta se conoce gracias a los restos encontrados en el estómago e intestinos de ejemplares congelados: predominaban hierbas herbáceas, aunque también aparecen sauces y abedules.
Con el paso del tiempo, los mamuts desarrollaron adaptaciones al frío. La especie mejor adaptada fue el mamut lanudo (Mammuthus primigenius), que apareció hace 250 000 años. Su cuerpo estaba cubierto por una capa de grasa de 10 cm, piel de 2 cm y un pelaje de hasta 1 m de longitud. Orejas y cola pequeñas, junto con la gruesa pelaje y la membrana anal, ayudaban a minimizar la pérdida de calor.
Probablemente vivían en manadas matriarcales, lideradas por la hembra más vieja; los machos adultos eran solitarios y solo se unían a las hembras durante el celo.
Algunas especies se adaptaron a climas templados. El mamut meridional (Mammuthus meridionalis) carecía de pelaje y habitó hace 2 millones de años bosques abiertos de Eurasia y América del Norte, donde el clima era relativamente benigno.

La imagen del mamut en extensas tundras nevadas es solo una parte de la realidad. Su hábitat era una estepa herbácea, rica en variedad vegetal, conocida como la “estepa del mamut”, que cubría gran parte de Eurasia y América del Norte.
¿Qué papel jugó el mamut en la vida humana?
Los hallazgos de artefactos fabricados con huesos de mamut no prueban necesariamente una convivencia simultánea; los huesos podrían haberse recolectado posteriormente. Sin embargo, existen representaciones de mamuts en paredes de cuevas (Rouffignac, Pech Mérle, etc.) y objetos tallados en marfil.
Neandertales y humanos modernos coexistieron con mamuts en Europa entre 200 000 y 30 000 años atrás. Para ellos, el mamut era una fuente inagotable de materias primas: proveía carne y médula (hasta 2 toneladas de carne comestible), huesos (215 piezas de distintos tamaños) y colmillos de marfil empleados en ornamentos, herramientas, armas e incluso como soporte para arte portátil o construcción de refugios.
En Ucrania se han descubierto numerosos sitios arqueológicos con restos de refugios construidos con huesos de mamut, una solución ante la escasez de madera en la estepa del mamut.

En Mizyn, Ucrania, se hallaron cinco refugios óseos capaces de albergar a unas cincuenta personas. Allí se fabricaron más de 100 000 objetos: raspadores, cinceles, puntas de sílex, agujas con ojo, ganchos y aserrín. Dos pulseras de marfil con decoraciones geométricas también fueron encontradas. Uno de los refugios está construido con 273 huesos de 30 mamuts (14 cráneos, 5 colmillos y 53 omóplatos), además de huesos de rinoceronte, astas de reno y cráneo de lobo. El techo se cubría con pieles de mamíferos como el reno.
Probablemente los huesos no fueron obtenidos mediante una caza masiva; los grupos humanos de la época eran pequeños y no podían organizar grandes cacerías. Es posible que cazaran ejemplares jóvenes o ancianos, o que atrajeran a los mamuts a zonas pantanosas para abatirlos. No existen pruebas concluyentes de estas técnicas.
Otro sitio ucraniano, el depósito de Mezhirich (15 000 año), muestra que la construcción de un refugio óseo requería alrededor de 20 toneladas de huesos.
En Europa occidental no se han encontrado refugios de hueso de mamut.
La grasa del mamut también se utilizó como combustible, al igual que los huesos. Los molares pequeños servían como adornos; los grandes, como raspadores de pieles o yunques. Las pieles se empleaban para cubrir refugios, como mantas e incluso como ropa.
La desaparición de los mamuts
Hace 15 000 años, el calentamiento global transformó la estepa del mamut en tundra húmeda y bosques de coníferas, reduciendo su hábitat. Los molares del mamut estaban adaptados a pastar hierba, no a vegetación arbustiva, lo que dificultó su supervivencia.
Algunos investigadores también consideran que la caza humana pudo haber contribuido al declive, aunque la evidencia arqueológica aún no lo confirma de forma definitiva.

En 1993, se descubrieron en la isla de Wrangel (noroeste de Siberia) restos de un mamut lanudo enana datados hace 4 000 años, lo que reaviva el debate sobre la posible supervivencia tardía del animal.
El mito del mamut en el arte prehistórico
Los objetos de marfil, como las famosas “Vénus” o esculturas animales, abundan en el arte del Paleolítico Superior (‑35 000 a ‑12 500 a.C.). Sin embargo, los mamuts nunca fueron la mayoría de los motivos en el arte rupestre, salvo en Rouffignac, donde 160 de 260 representaciones son mamuts.
La mayoría de los dibujos de mamuts se encuentran en paredes de cuevas, empleando diversas técnicas:
Friso negro: En la cueva de Pech Mérle (Lot, 25 000 a.C.) aparecen 26 mamuts dibujados con una línea negra de manganeso, junto a alces, bisontes y caballos.

Relieve: La cueva de la “Mamut” (Saint‑Front) en la Dordogne alberga un relieve de 1,30 m de altura que representa a un mamut aislado en la pared caliza.

Grabado: En Arcy‑sur‑Cure (Yonne) se utilizó una cavidad natural de la pared para tallar la cabeza de un mamut con la trompa alzada. Técnicas similares aparecen en la cueva de Roc‑aux‑Sorciers (Vienne) y en la cueva de Cussac (Dordogne), que contiene varios grabados de mamuts.
El arte portátil también es abundante: piezas de marfil, hueso, terracota o piedra que representan mamuts fueron halladas, como el primer espécimen descubierto en 1864 en la cueva de La Madeleine (Dordogne), prueba inequívoca de la coexistencia entre hombre y mamut.
La sobrerepresentación de este animal en el arte no parece estar vinculada a rituales de caza (pocos son los relatos de caza). Más bien, su carisma natural, el respeto que imponía y posibles prácticas chamánicas podrían explicar su presencia simbólica.

Descubrimiento de un mamut en Francia
El 6 de noviembre de 2012 se anunció el hallazgo de un esqueleto casi completo de mamut en Seine‑et‑Marne, descubierto durante excavaciones de un yacimiento galo‑romano. Es uno de los pocos esqueletos completos hallados en los últimos 150 años en Francia.
Junto al cráneo se hallaron dos láminas de sílex talladas, lo que sugiere un posible contacto con neandertales. El ejemplar, apodado “Helmut”, corresponde a un macho joven de entre 20 y 30 años que vivió hace más de 100 000 años. También se encontraron bajo el esqueleto un húmero y un colmillo de otro mamut.
Bibliografía
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Mohen J.-P. y Taborin Y., Prehistoric Societies, Ed. Hachette Supérieur, 2005.
Patou‑Mathis M., Meat eaters: from prehistory to the present day, Ed. Perrin, 2009.
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The Archaeological Files, Decorated Caves of France, n°324 Nov./Dec. 2007.
Edición especial de Sciences et Vie y Paris Match, La cueva de la Combe d'Arc, 2004.