Introducción
Adolf Hitler, vegetariano, no fumador ni bebedor, habría sido hoy un defensor del veganismo al estilo de Greta Thunberg. Sin embargo, fue el artífice de un mal inimaginable, entrenando a sus subordinados en la más absoluta perversión.
Los campos de exterminio y la “juego” sadista
Los campos de concentración y exterminio, como Treblinka, son recordados por su crueldad e inhumanidad. Los guardias alemanes disfrutaban de macabras “juegos” con los prisioneros, convirtiendo cada rincón del campo en una trampa mortal.
Los baños: último refugio y escenario de una nueva tortura
Los baños del campo servían como el único lugar donde los prisioneros enfermos o débiles podían respirar un momento sin el constante asedio de la SS y de los guardias ucranianos. Sin embargo, el sargento de la SS Kurt Kittner, uno de los verdugos más temidos de Treblinka, decidió convertir ese refugio en una herramienta de terror.
Los “perros guardianes”
Kittner observó que los prisioneros se reunían en los baños y, para impedirlo, designó a algunos de ellos como “guardianes de perros”. Estos “guardianes” recibían un uniforme grotesco: sombreros de rabinos, relojes de alarma colgados al cuello y un látigo. La intención era obligar a los prisioneros a salir del baño cada dos minutos y limitar la ocupación a no más de cinco personas simultáneamente.
El incumplimiento de cualquiera de estas reglas resultaba en una paliza brutal seguida de la ejecución sumaria. La presión psicológica y física convertía el baño, antes último refugio, en una cámara de horror constante.
Destino de Kurt Kittner
Kittner escapó al final de la guerra y sólo fue localizado en 1964. Murió antes de poder ser juzgado, quedando impune la mayoría de sus crímenes.
Imágenes del campo


