Historia antigua

El hombre prehistórico y el oso de las cavernas

El hombre prehistórico y el oso de las cavernas Hombre prehistórico compartió cuevas con los osos de las cavernas, se alimentó de ellos, utilizó sus pieles y los representó en su arte. Sin embargo, persisten dudas: ¿los cazaba por necesidad o por juego? ¿qué significado simbólico tenían los osos para esas primeras sociedades? ¿existía un culto dedicado a ellos?

Los osos

Aparecieron hace 1,8 millones de años. Ursus deningeri es el ancestro de Ursus spelaeus (oso de las cavernas) y Ursus arctos (oso pardo). El oso de las cavernas surgió hace unos 250 000 años y habitó gran parte de Europa, desde el sur de Inglaterra hasta el Cáucaso y los Urales, prefiriendo zonas montañosas con bosques mixtos.

Los machos podían medir hasta 3,5 m de altura, 1,3 m a la cruz y pesar entre 400 y 600 kg. Su cabeza mostraba frente baja, joroba frontal y hocico poco desarrollado. El cuerpo era corpulento, con patas delanteras más largas y robustas que las traseras, y un cuello largo con una joroba de grasa para el invierno. Su dieta era omnívora, aunque predominaba la vegetación.

Al final del otoño buscaban cuevas protegidas para hibernar. Durante la primavera aparecía la época de celo y en invierno nacían las crías. Los osos acumulaban reservas de frutos, hojas y hierbas para sobrevivir sin comer ni beber durante la hibernación, reduciendo su temperatura corporal, ritmo cardíaco y respiratorio, pero manteniendo la vigilancia ante intrusos.

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El oso pardo también llegó a Europa hace unos 250 000 años, inicialmente en llanuras boscosas y, con la presión humana, se refugió en zonas montañosas. Presenta una gran masa muscular sobre los hombros, cabeza grande y redondeada y, pese a su tamaño, puede correr hasta 56 km/h.

Su alimentación varía según la estación: carroñero en invierno, cazador en primavera, recolector en verano y otoño. Aproximadamente un 75 % de su dieta es vegetal (bayas, frutos, tubérculos, hierbas, bellotas) y solo un 25 % carne, consumiendo entre 10 y 20 kg diarios.

Al igual que el oso de las cavernas, el oso pardo hiberna, pero suele refugiarse en madrigueras bajo árboles caídos o rocas, no en cuevas.

Relación hombre‑oso

Los humanos prehistóricos convivieron con ambos tipos de osos. Sus huellas, arañazos y una gran cantidad de huesos se han hallado en cuevas donde los osos pasaban el invierno. La pregunta es si esos huesos provienen de muertes naturales o de caza humana.

El hombre prehistórico y el oso de las cavernas

La competencia por las cuevas era intensa. Tanto los osos como los humanos buscaban los mismos refugios, lo que pudo originar enfrentamientos. Un ejemplo es el esqueleto de oso con una flecha incrustada en una vértebra hallado en la cueva de Bichon (Suiza), entrelazado con el de un hombre, datado hace 12 000 años.

Los restos de osos aparecen en cerca de 200 cuevas del Paleolítico medio, frente a unas pocas localidades al aire libre. Dado su gran tamaño (hasta 3,5 m), es improbable que los humanos cazaran a los machos adultos, pero las hembras y sus crías, debilitadas por la hibernación, podían ser presas fáciles.

Marcas de corte en huesos de oso de las cavernas demuestran que algunos grupos consumían su carne y aprovechaban sus pieles, como en la cueva de Stajna (Polonia). Sin embargo, estos casos son escasos comparados con el total de huesos hallados, la mayoría de los cuales probablemente murieron por causas naturales (nacimiento, inanición, enfermedad).

En la cueva de Balme (Collomb, Massif de la Chartreuse) se han encontrado más de 1 000 esqueletos de oso de las cavernas, acumulados a lo largo de 21 000 años (‑45 000 a ‑24 000 año). En Font‑de‑Gaume (Dordogne) se hallaron huesos con señales de corte, mientras que en otros sitios los restos muestran señales de depredación por hienas.

Los huesos de oso pardo aparecen en gran número en el yacimiento de Biache‑Saint‑Vaast (Pas‑de‑Calais), situado en una zona húmeda ideal para atrapar animales grandes. Las marcas de corte indican tanto la extracción de carne como de pieles, pero se interpreta que los humanos aprovechaban osos atrapados accidentalmente, más que cazarlos deliberadamente.

Hasta el Neolítico se hallan pocos objetos confeccionados con piel de oso. Sin embargo, cerca del cuerpo de Ötzi se encontró una capucha de piel de oso pardo.

Desaparición

El oso de las cavernas se extinguió alrededor del 10 000 a.C., junto a otras megafaunas cuaternarias. El aislamiento genético y la consiguiente endogamia fueron factores decisivos, más que la caza humana. Su modo de vida también pudo contribuir: la falta de exposición solar prolongada favorece el raquitismo y la hibernación exige reservas de grasa que, en años de escasez, podrían haber sido insuficientes.

El oso pardo sobrevivió y hoy está presente en los Pirineos franceses, en América del Norte (osos grizzly y Kodiak) y en partes de España, Italia, Eslovenia y Austria.

El oso en el arte prehistórico

En Francia se contabilizan 52 representaciones de osos en el arte parietal, mucho menos que caballos, bisontes o alces. Son fácilmente identificables por su hocico ligeramente alargado y la depresión nasal visible en el perfil del cráneo.

En la cueva de Chauvet se han encontrado al menos 4 000 huesos de oso de las cavernas, correspondientes a unos 200 individuos. Entre los 420 dibujos animales, aparecen trece osos, algunos en óxido de hierro.

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Otra representación muestra un oso completo con la cabeza en posición distinta, lo que sugiere una intención simbólica.

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En la cueva de Péchialet (Dordogne) se halló una talla de piedra que representa una "caza del oso", con el animal entre dos figuras humanas. El gesto de la garra sobre la cabeza del hombre sugiere una escena violenta o ritual.

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Otros grabados, como el de Neuville‑sur‑Ain, muestran osos en pequeñas piedras, mientras que en la cueva de Trois‑Frères (Ariège) los osos aparecen rodeados de flechas, lo que ha llevado a algunos a interpretar una caza simbólica.

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Los estudios actuales sugieren que los osos no se consideraban presas habituales, aunque podrían haber sido objeto de caza ritual.

El supuesto culto al oso

A principios del siglo XX, el prehistoriador suizo Emil Bächler propuso la existencia de una cultura alpina paleolítica caracterizada por la caza de osos de cueva y un "culto al oso". Señaló depósitos intencionales de cráneos y huesos en cuevas como Drachenloch y Wildmannlisloch.

Posteriormente, en los años 50‑60, investigadores como F.E. Koby y J.P. Jéquier cuestionaron la interpretación antropogénica de esos depósitos, y la hipótesis del culto quedó en el olvido.

Recientes hallazgos de marcas de corte y de huesos dispuestos en posiciones no naturales (por ejemplo, en grietas o sobre el suelo) han reavivado el debate. En Chauvet se observó la posible reubicación de huesos por parte de humanos, lo que se interpreta como un acto simbólico.

Ejemplos de posibles ritos incluyen cráneos perforados guardados en cajas de piedra (Drachenloch), cráneos insertados en grietas de paredes (Kitzelherg, Silesia) y círculos de cráneos en Chauvet. Sin embargo, la evidencia sigue siendo ambigua y no todos los especialistas aceptan la existencia de un culto estructurado.

Bibliografía

- J.P. Mohen y Y. Taborin, Sociedades prehistóricas, Ed. Hachette Supérieur, 2005.

- J.P. Duhard, Realismo de la imagen masculina paleolítica, Ed. J. Million, 1996.

- J.M. Elalouf y V. Féruglio, "El oso espeleológico", Pour la Science, nº 412, febrero 2012.

- J.P. Calvet, "La cueva de la Mine du Pouech d'Unjat", Actas del congreso de Karst y Minería, octubre 1988, Soreze.