Cuando los vikingos llegaron a Irlanda, su presencia parecía menos importante que sus hazañas en Islandia, el Atlántico Norte, Inglaterra o el Este con los varegos. Sin embargo, el archipiélago irlandés no estaba aislado: al igual que el resto de Europa occidental, a finales del primer milenio empezaba a salir del llamado periodo oscuro y a conformar un mundo feudal cristiano unificado que se extendía desde el Duero hasta el Elba.
Irlanda medieval
En el siglo X, Irlanda no era un Estado sino un mosaico de reinos y clanes interconectados por pactos, alianzas familiares y rivalidades. Tres factores transformaron este escenario: la llegada del cristianismo (siglo V), la consolidación del árd rí (alto rey) como autoridad real y, sobre todo, la incursión de los primeros escandinavos, que fundaron los primeros puertos urbanos, entre ellos la pujante Dublín, conocida como “la ciudad de los extranjeros”.
Así, a comienzos del X cent., dos potencias se enfrentaban en la isla: los vikingos, liderados por los daneses de Dublín, que drenaban recursos y a la vez ofrecían a los gaélicos una ventana comercial casi cosmopolita; y una heterogénea élite gaélica cristiana que buscaba unificar el territorio para resistir la invasión pagana.
Entre sus líderes emergió Muirchertach mac Néill, rey de Ailech y hijo de Niall Glúndub, último alto rey asesinado en 919 por el danés Sitric el Ciego. Muirchertach aspiraba a ser alto rey de facto, es decir, ejercer un poder real sobre todos los reinos, provincias y clanes irlandeses.
Su objetivo se vio obstaculizado por dos factores: la supremacía vikinga en Dublín y la presencia de Donnchad Don, su suegro y alto rey desde 919, incapaz de frenar la incursión vikinga que asoló el norte desde 921.
Aunque Muirchertach derrotó a los vikingos en al menos cinco ocasiones entre 921 y 933, en 939 su palacio fue saqueado y fue capturado por una flota danesa, de la que escapó para lanzar una expedición a las Islas Hébridas y regresar a Irlanda con un botín considerable.
Los mil de Muirchertach
Para consolidar su autoridad, Muirchertach organizó lo que los cronistas llamaron el “circuito de Irlanda”. Partiendo de Ailech, recorrió la isla en sentido horario durante 33 días, acompañado por mil guerreros vestidos con llamativas capas de cuero. El poeta Cormacán describió la travesía en un extenso poema que narra cada etapa, desde la salida de Ailech hasta el regreso al punto de partida.
Esta gira funcionó como una campaña de propaganda: mostraba al rey como protector de los clanes y desafiaba tanto a los reyes gaélicos rivales como a los monarcas vikingos de Dublín y otras ciudades costeras.
En el séptimo día llegó a Dublín, donde exigió la devolución de los botines saqueados y la liberación de los esclavos gaélicos. Capturó al rey danés Gotfrith el Cruel y lo entregó a su suegro, consolidando su reputación en toda la isla.
La hazaña fue comparada con los mitos de Fionn mac Cumhaill y sus valientes Fianna, convirtiéndose en una poderosa herramienta de legitimación contra Donnchad Don.
Sin embargo, la gloria fue efímera. Un año después de completar su campaña, Muirchertach cayó en batalla contra los hijos vengativos del rey de Dublín. Murió en marzo de 943, y los Annales de Ulster relataron su muerte con una emotiva elegía que resaltó la pérdida de “un héroe famoso”.
Consecuencias
El segundo mitad del siglo X vio a Irlanda seguir el proceso europeo de concentración del poder, con los vikingos desempeñando un papel similar al que tuvieron en Inglaterra y en la formación de los principados rusos en el Este. La cristianización de los vikingos y la mezcla cultural nórdico-gaélica culminaron con el matrimonio del rey de Dublín Olaf Cuarán y la princesa irlandesa Dunlaith, hija de Muirchertach.
Irlanda así se abrió al mundo feudal europeo y al cristianismo occidental, cerrando el ciclo iniciado con la llegada del cristianismo y culminando en una cultura híbrida que proyectaría su influencia en los siglos venideros.
Notas
1. Para la división política de Irlanda consulte Michael Richter, New Gill History of Ireland, vol. I: Medieval Ireland, Dublin, Gill & Macmillan, 1988, pp. 31‑32.
2. Los crónicos irlandeses describen a Dublín (Áth Cliath) como “ciudad de los extranjeros”.
3. Ailech era un reino en la provincia de Ulster, cuna del poderoso clan Uí Néill del norte.
4. La ineficacia de Donnchad Don está documentada en los Annales de Ulster y los Annales de Inisfallen.
5. Cormacán († 948), jefe de los bardos de Ulster, cuya poesía fue traducida por la Royal Society of Antiquaries of Ireland en 1936.
7. Los Fianna eran grupos de guerreros autónomos, mercenarios y bandoleros que, en el Ciclo Fianna, eran liderados por el héroe mítico Fionn mac Cumhaill.
8. Los Annales de Ulster (año 943) registran: “Muirchertach, hijo de Niall, de los Capas de Cuero, rey de Ailech, fue muerto por Blacair, hijo de Gotfrith, rey de los extranjeros”.
Fuentes primarias
- Annals of Clonmacnoise: desde el inicio de la Creación hasta 1408.
- Annals of Ulster: crónica de 431 d.C. a 1540.
- Annals of Innisfallen: de 433 d.C. a 1450.
- “The Circuit of Ireland” de Muirchertach na gCochall gCroiceann (A.D. 941), escrito por Cormacán. Traducción y anotación de la Royal Society of Antiquaries of Ireland, vol. 6, no. 1 (30 jun 1936), pp. 9‑31.
Bibliografía
- A New History of Ireland, vol. I, Prehistoric and Early Ireland. Ed. Dáibhí Ó Cróinín. Oxford University Press, 2005.
- John Francis Byrne, Irish Kings and High Kings, Dublin, 1973.
- Morgan Llywelyn, The Vikings in Ireland, Dublin, 1996.
- Michael Richter, New Gill History of Ireland, vol. I: Medieval Ireland, 1ª ed., 1988.