No llegaron buenas noticias desde Poitiers. Al‑Gafiquí había saqueado la abadía de San Hilario y devastado los suburbios de la próspera ciudad, que permanecía impenetrable tras sus murallas. Incapaz de asediarla mientras esperaba al nuevo ejército enemigo en el camino a Tours, decidió repetir la táctica que había usado en el río Dordoña: rodear la ciudad y atacar la fuerza principal del adversario.
Después de destruir al ejército aquitano en la Dordoña, los musulmanes pasaron tres meses saqueando la región sin encontrar resistencia: Périgueux, Angoulême y Saintes fueron arrasadas. Con el botín acumulado y la convicción de ser invencibles, se dirigieron hacia los vados de los ríos Clain y Vienne. Carlos Martel no esperó a que se acercaran a Tours; alzó su campamento y marchó hacia la Vienne, tomando la zona del paso de Cenón.
En el paso, los guardias avanzados francos y musulmanes se enfrentaron en varios puntos: en las "landes de Carlomagno", en Sainte‑Catherine‑de‑Fierbois y, sobre todo, en el vado de Cenón, donde los francos lograron mantener la posición tras un duro combate. Cuando el grueso del ejército de Carlos Martel cruzó el paso, ocupó una posición estratégica protegida por densos bosques, los cauces del Clain y la Vienne y una ciénaga cercana a Moussais‑la‑Bataille. Desde allí, cualquier intento de Al‑Gafiquí de avanzar requeriría un ataque frontal.
El dilema de Al‑Gafiquí
Los bosques, la ciénaga y el control del vado impedían cualquier maniobra de flanqueo. Retroceder por la carretera expuesta y dirigirse a Poitiers, aún sin haberla tomado y con una guarnición enemiga preparada, significaba una catástrofe segura. En pocas horas, la sabia elección del terreno por parte de Carlos Martel convirtió a un atacante victorioso en un enemigo atrapado.
Al‑Gafiquí buscó entonces una posición defensiva entre dos colinas, instaló su campamento y organizó su ejército en la tradicional formación jamis, con su vanguardia (muqaddama), centro (qalb) y alas (maymana y maysara), mientras la retaguardia (saqah) protegía el acceso al campamento y a los bienes de los soldados.
La batalla de Poitiers
Durante siete días se sucedieron escaramuzas y ataques fingidos. El "muro de hielo" de los francos, formado por la élite de la scara de Carlos Martel, los leudes y la nobleza merovingia, se mantuvo firme, apoyado por los bosques a ambos flancos. Detrás del centro y la derecha luchaban arqueros y honderos, mientras en la izquierda el duque Eudo comandaba a sus caballeros aquitanos y a los guerreros vascones.
Al octavo día, en un indeterminado octubre de 733, Al‑Gafiquí lanzó su tercera división de lanceros contra el centro y las alas francas. Los francos repelieron los ataques sin perseguir al enemigo, manteniendo sus líneas gracias a la protección forestal. Los beréberes, indisciplinados pero feroces, se lanzaban contra los escudos francos, mientras los soldados profesionales (muqâtila) luchaban en duelos de lanza contra escudo y espada contra espada.
Al caer la tarde, la lucha se volvió general. Tras una serie de cargas, los musulmanes empezaron a sufrir grandes bajas. Entonces, la retaguardia franca avisó de una densa columna de humo que se elevaba del campamento musulmán.
Eudo, ahora duque franco tras someterse a Carlos Martel, había conducido a sus caballeros aquitanos y vascones por el bosque hasta la retaguardia enemiga. Aprovechando su conocimiento del terreno montañoso y forestal, atacaron el campamento, incendiándolo y masacrando a mujeres, niños y cautivos cristianos. El caos provocó que muchos beréberes abandonaran la línea de batalla para regresar al campamento y proteger sus bienes.
Ante este revuelo, Carlos Martel ordenó el avance del "muro de hielo". La unidad profesional (muqâtila) de Al‑Gafiquí resistió, pero sin el apoyo de los voluntarios beréberes no pudo detener el avance franco. Paso a paso, los musulmanes fueron retrocediendo.
La desorganización de los beréberes y de otras tropas irregulares desmanteló la formación jamis. El campamento fue recapturado brevemente por los musulmanes, pero ya era demasiado tarde. En medio del combate, una lanza alcanzó al propio Al‑Gafiquí, matándolo.
La noche salvó a los musulmanes al ocultar la muerte del comandante y evitar el pánico. Carlos Martel, temeroso de un contraataque bajo la oscuridad, ordenó a sus hombres que se retiraran a sus posiciones, pisoteando los cuerpos caídos. Los supervivientes musulmanes, bajo el mando de la disciplina de la muqâtila, abandonaron el campamento sin hacer ruido, dejaron atrás sus tiendas, botín y cautivos y se dirigieron a Poitiers.
Al amanecer, una tropa derrotada, asustada y sin más que sus armas, cruzó la ciudad. Lo que ocho días antes era una campaña destinada a saquear Tours y ampliar el califato de Damasco, ahora solo buscaba escapar con vida.
Bibliografía
- Soto Chica, J. (2019). Imperios y bárbaros. La guerra en la Edad Oscura. Madrid: Awake Ferro Editions.
- Soto Chica, J. (2019). Los visigodos. Hijos de un dios furioso. Madrid: Awake Ferro Editions.