Historia antigua

La lenta reconquista cristiana

La lenta reconquista cristiana

La Reconquista fue el proceso mediante el cual los reinos cristianos buscaron recuperar la Península Ibérica, que consideraban su legítimo patrimonio. El Reino de Asturias lideró los primeros pasos, fundando Burgos en 884 y tomando Salamanca en 941. El verdadero impulso vino con el surgimiento de Castilla.

Un símbolo de la energía guerrera de esta época es Rodrigo Díaz de Vivar, conocido como El Cid (nacido alrededor de 1043). Tras ser expulsado por el rey de Castilla, ofreció sus servicios al emir moro de Zaragoza y, en 1089, emprendió campañas en el Levante por su cuenta. Su figura quedó inmortalizada en el Poema de Mio Cid, la primera gran obra de la literatura castellana.

Un verdadero espíritu de cruzada

Al final del siglo XI y comienzos del XII, dos victorias resaltan la vitalidad de los principales estados cristianos: Castilla bajo Alfonso VI y Aragón bajo Alfonso I el Batallador. La toma de Toledo en 1085 y la de Zaragoza en 1118 marcaron el límite sur del dominio cristiano, fijado en el río Tajo.

Estas conquistas se vieron favorecidas por la desintegración del Califato de Córdoba en 1031. Los pequeños reinos musulmanes pidieron ayuda a los almorávides de Marruecos, que reunieron brevemente Al‑Ándalus, pero su poder decayó tras cincuenta años. Los almohades, con capital en Sevilla, impusieron un nuevo dominio y, a su vez, despertaron un auténtico espíritu de cruzada en la península.

Castilla, Aragón, Navarra y Portugal unieron sus fuerzas y, en 1212, derrotaron a los almohades en la decisiva batalla de Las Navas de Tolosa, en la Sierra Morena.

Para mediados del siglo XIII, de la antigua potencia de Al‑Ándalus solo quedaba el pequeño emirato de Granada. La Reconquista entró en una larga pausa que solo se rompería en 1482, cuando los Reyes Católicos iniciaron la campaña final para erradicar el Islam de España.