Historia antigua

La muerte de la familia Romanov

La muerte de la familia Romanov

El contexto político

Tras la Revolución de Octubre, treinta y tres altos funcionarios comunistas se reunieron en una mesa casi inmóvil. Sverdlov instó a sus compañeros a ratificar la decisión tomada por los comunistas locales: la ejecución de la familia real. El silencio llenó la sala.

Lenin dejó una nota para el comisario de Asuntos Exteriores, Georgy Chicherin, y preguntó: «¿Alguna pregunta para el camarada Sverdlov?». Un aparataz, cuyo nombre no figura en el acta, preguntó si la familia ya había sido eliminada, pero no se registró respuesta.

Lenin, tras una breve pausa, volvió a preguntar «¿Qué solución debemos adoptar?», y la discusión se volvió innecesaria: se ratificó la acción de los camaradas en Yekaterimburgo. El acta resumió: «Se recibió y anotó el informe del camarada Sverdlov». A continuación se siguió con los puntos restantes de la agenda, entre ellos la reorganización de la Cruz Roja y un borrador de decreto sanitario.

Al día siguiente, el periódico oficial Izvestia anunciaba que «el antiguo emperador Romanov había sido ejecutado… la esposa y los hijos del zar fueron enviados a un lugar seguro». Esa mentira sería una de las primeras que el régimen soviético tendría que sostener durante setenta años.

El derrocamiento del zar

El zar Nicolás II abdicó en febrero de 1917, provocando el colapso del Antiguo Régimen en medio de una ola revolucionaria. El descontento popular se debía a la enorme pérdida de vidas en la Primera Guerra Mundial, la falta de reformas democráticas, la escasez de alimentos y la corrupción del gobierno.

El Gobierno Provisional, encabezado por Alexander Kerensky, garantizó la seguridad del zar, pero declaró: «No debemos convertirlo en mártir». Inicialmente se pensó que los Romanov buscarían asilo en Gran Bretaña, pero el rey Jorge V, primo de Nicolás, cambió de opinión y, bajo presión, los envió a Tobolsk, Siberia, donde fueron alojados en la antigua mansión del gobernador.

La decisión de ejecutar a los Romanov

En noviembre de 1917, poco después de la segunda revolución, Lenin debatió por primera vez el destino de la familia real. La mayoría quería juzgarlos, pero Lenin pospuso la decisión, buscando el momento y el método adecuados para la muerte de Nicolás.

Si bien no existen pruebas documentales de una orden escrita, la mayoría de los historiadores coinciden en que Lenin dio la orden verbalmente a Sverdlov, probablemente en la reunión del 12 de julio de 1918 en el Kremlin. La ejecución se mantuvo en secreto; sólo algunos líderes rojos supieron del plan después de que se consumó.

El responsable de autorizar la muerte de toda la familia fue el comisario de Ural, Filip Goloschekin, quien, bajo presión de los ejércitos blancos que se acercaban a Yekaterimburgo, viajó a Moscú y obtuvo la autorización final de Lenin.

El encargado de ejecutar la orden fue Yakov Yurovsky, un bolchevique de origen judío, criado en la pobreza y hambriento de venganza contra la aristocracia. Yurovsky seleccionó al pelotón de fusilamiento y eligió el sótano de la Casa Ipatiev como escenario.

La noche del 16 de julio de 1918

A la 1:30 a.m., Yurovsky despertó al doctor Yevgeny Botkin, explicándole que había disturbios en la ciudad y que debían trasladar a la familia al sótano por su seguridad. La familia, ajena a lo que les esperaba, se vistió en media hora y descendió por una estrecha escalera.

En el sótano, una habitación de cinco por seis metros, se les entregaron dos sillas. El zar colocó a su hijo Alexei en una y la zarina en la otra; el resto se alineó contra la pared. Cuando los fusiladores entraron, el disparo comenzó.

Según el testimonio de Pavel Medvedev, uno de los ejecutores, la familia permaneció extrañamente tranquila. Se disparó a los diez miembros presentes; seis resultaron vivos cuando el tiroteo cesó. Alexei fue abatido con dos disparos a la cabeza. El proceso duró más de veinte minutos, en parte porque la zarina y sus hijas ocultaron joyas valiosas en sus corsés.

Los cuerpos fueron despojados de sus pertenencias, cargados en un camión cuyo motor había permanecido encendido para ahogar el ruido de los disparos y llevados a una mina abandonada a 12 km de la ciudad, donde fueron incinerados. Los restos fueron posteriormente recogidos, rociados con ácido y enterrados en una fosa poco profunda.

Consecuencias y propaganda

Durante décadas, el régimen soviético sostuvo que la muerte de los Romanov había sido un hecho aislado y que la familia había sido víctima colateral de la guerra civil. En los años 30, Trotsky justificó el hecho sin remordimiento en su diario. La prensa británica, representada por Robert Bruce Lockhart, describió la indiferencia de la población ante la noticia.

Bibliografía

  • Gilliard, P. (1921). Thirteen Years at the Russian Court: A Personal Record of the Last Years and Death of Tsar Nicholas II and His Family. London: Hutchinson.
  • Lieven, D. (1996). Nicholas II, Twilight of the Empire. New York: St. Martin's Griffin.
  • Service, R. (2017). The Last of the Tsars: Nicholas II and the Russian Revolution. New York: Pegasus Books.

Este artículo se publicó en Desperta Ferro Contemporánea nº 23 como avance del número Desperta Ferro Contemporánea no. 24: Rusia 1917. Revolución y guerra.


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