Historia antigua

Afganistán y los talibanes: ¿qué sigue?

Afganistán y los talibanes: ¿qué sigue?

Los optimistas creen que los talibanes pueden alcanzar una supuesta "madurez" y que la presión internacional –incluso la recolección de firmas– los obligará a moderarse. En el extremo opuesto, los más escépticos, con experiencia en el terreno, desconfían de sus promesas porque saben que el grupo ha mentido antes y sigue haciéndolo cuando le conviene.

El retiro de las fuerzas estadounidenses y la huida de sus aliados reabrieron viejos debates que antes permanecían en el limbo de la ignorancia. Sin la caótica caída de Kabul, muchos habrían seguido creyendo que los objetivos occidentales se estaban cumpliendo, mientras que el "ostrichismo" occidental se hacía cada vez más evidente.

Ahora confirmamos que la estrategia militar pura que Estados Unidos aplicó en la lucha contra el terrorismo no fue la adecuada, aunque algunos ya lo habían advertido sin ser escuchados.

Cuestiones actuales

Diversos temas ejercen presión constante y generan nuevas preguntas:

  • La situación de mujeres y niñas.
  • Los flujos migratorios que ya se han iniciado.
  • Cómo extraer a los colaboradores que permanecen en el país.
  • El riesgo de una crisis humanitaria.
  • Obtener información fiable desde el interior.
  • Negociar o no con el futuro gobierno talibán.
  • Reconocer o no a ese gobierno.
  • Presencia de grupos jihadistas como Al‑Qaida o ISIS.
  • Actitudes geopolíticas de los países vecinos y de las potencias interesadas.
  • Y muchos otros aspectos que aún están por descubrirse.

Los debates, tanto nacionales como internacionales, ya no tratan de ganar o perder, sino de aprender de los errores y buscar soluciones reales.

¿Y ahora qué?

¿Es posible corregir dos décadas de políticas equivocadas? Nadie lo sabe y probablemente seguirá sin saberse mientras los debates se centren en obviedades y en conjeturas sobre un futuro que apenas se intuye.

Con frecuencia, la reacción a crisis lejanas se reduce a señalar culpables, proponer soluciones superficiales y, con el tiempo, olvidar el problema.

Pocos se dedican a replantear de forma objetiva lo que realmente ocurrió, a identificar los errores y a extraer lecciones que eviten repetirlos. ¿Qué aspectos debemos reconsiderar?

Ya se escucha la voz de quienes afirman que combatir el terrorismo solo con la fuerza militar es insuficiente a largo plazo; faltan acciones estructurales e ideológicas que complementen la respuesta.

Este argumento contradice la reciente postura estadounidense de que su presencia en Afganistán solo buscaba derrotar al terrorismo, un objetivo que sigue sin alcanzarse y que se ha exportado a otros países con resultados cuestionables.

El frente militar

El frente operativo se encarga de neutralizar acciones terroristas y proteger a las fuerzas de seguridad locales. Dado su limitado entrenamiento, esas fuerzas requieren apoyo externo en inteligencia, entrenamiento, equipamiento y operaciones conjuntas. Las acciones deben adaptarse continuamente a los cambios en tácticas y estructuras de los grupos violentos.

Sin embargo, equipar a un ejército o a la policía no basta; es imprescindible que el personal tenga la voluntad y la moral para combatir al enemigo, algo que se ve minado por amenazas a sus familias y por la corrupción interna.

El frente estructural

Este frente busca que los países afectados resuelvan sus problemas políticos, económicos, sociales y, en el caso afgano, religiosos. La meta es construir una estabilidad democrática propia, sin copiar modelos externos, que evite vulnerabilidades explotables por grupos violentos.

Para ello es necesario mejorar infraestructuras, gestionar recursos de forma eficiente, abordar conflictos étnicos y tribales, y abandonar la visión colonialista que considera superior el modelo occidental. En palabras simples: enseñar a pescar en lugar de regalar el pescado.

La colaboración debe ser equitativa entre socios locales y extranjeros, sin imponer una democracia occidental que ignore la importancia del Islam en la sociedad afgana.

El frente ideológico

Este ámbito combate la narrativa que alimenta la violencia. Es necesario contrarrestar la filosofía y la propaganda de grupos como Al‑Qaida e ISIS, y promover la interpretación pacífica del Islam mediante imanes y líderes religiosos que rechacen la violencia.

Conclusiones

Los tres frentes –militar, estructural e ideológico– deben actuar de forma complementaria. El militar brinda respuestas inmediatas, mientras que los estructurales e ideológicos generan resultados a medio y largo plazo.

La inoperatividad de uno de ellos puede colapsar todo el esfuerzo, como ejemplifica la reciente retirada de las fuerzas estadounidenses.

En definitiva, la situación es compleja y requiere un debate informado, alejado de la teoría excesiva y de los debates obvios, para alcanzar la solución más adecuada sin que prevalezcan intereses ajenos a la población afgana.