El contexto del Día D
El desembarco de Normandía del 6 de junio de 1944 marcó el inicio de la liberación de la Europa occidental ocupada por la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

Los altos mandos alemanes estaban convencidos de que los Aliados intentarían una invasión en la costa atlántica francesa, concretamente en la zona del Canal de la Mancha. Gracias a una serie de engaños de inteligencia –similares a los que se usaron con el cuerpo encontrado en Huelva–, lograron hacer creer a Hitler que el verdadero ataque se produciría en Calais, casi 400 km al norte del objetivo real.
Las defensas de Erwin Rommel
Hitler delegó la defensa de la costa francesa al famoso Erwin Rommel, el «Zorro del Desierto». Rommel ordenó la colocación de minas, alambre de púas y obstáculos, creando un verdadero jardín del infierno. Además, estudió minuciosamente las mareas, pues a marea alta los obstáculos quedaban sumergidos y perdían efectividad. Por eso diseñó trampas que pudieran dañar los cascos de los barcos incluso bajo el agua.

Para los estadounidenses, atacar a marea alta reducía la distancia a cruzar bajo fuego enemigo, pero los dispositivos de Rommel podían destruir las lanchas y dejarlas varadas, impidiendo el desembarco del resto de tropas. Lo ideal era una marea lo suficientemente baja para que los equipos de demolición localizaran y desactivaran los obstáculos, pero lo bastante alta para que los barcos pudieran desembarcar y retirarse sin quedar encallados.
La clave: la predicción exacta de las mareas
Conocer con precisión las mareas era una cuestión vital que no podía dejarse al azar. Aquí entra nuestro protagonista, el matemático británico Arthur Thomas Doodson. Los Aliados consultaron a expertos como Doodson para determinar las fechas óptimas del asalto. Doodson había desarrollado una máquina de predicción de mareas, basada en su análisis armónico de los factores astronómicos, que siguió utilizándose hasta la década de 1960, cuando la computación la sustituyó.

Con la ayuda de su máquina, se calculó que el intervalo más favorable para el desembarco era del 5 al 7 de junio de 1944, coincidendo con la marea que permitía tanto la detección de los obstáculos como la salida segura de los barcos.
Conclusión
Sin la precisión de los cálculos de Doodson, los Aliados habrían corrido un riesgo mucho mayor de fracasar en la operación que cambió el curso de la guerra.