Una victoria agridulce en la isla de Kiska
El título puede resultar contradictorio, pero la historia de Kiska muestra cómo una aparente victoria puede resultar humillante para los marines estadounidenses.
Contexto histórico
Kiska forma parte del archipiélago de las Islas Ratas, dentro del conjunto de las Aleutianas. En 1867 EE. UU. compró Alaska y sus islas occidentales al Imperio ruso, entre ellas Kiska.
En junio de 1942, el almirante Yamamoto ordenó el ataque sorpresa a las Islas Midway y, como maniobra de distracción, planificó la ocupación de Kiska y Attu. El 6 de junio de 1942 la flota japonesa tomó Kiska, que entonces estaba defendida por un pequeño destacamento de nueve soldados, un teniente y su perro. A simple vista era una isla volcánica cubierta de nieve, pero representaba una espina en el orgullo estadounidense y estaba extremadamente cerca del territorio continental.
La ofensiva aliada
Tras meses de bombardeos a Kiska y Attu, el 15 de agosto de 1943 se lanzó la operación terrestre para retomar la isla. La fuerza aliada estaba compuesta por:
- 34 426 soldados (aprox. 5 000 canadienses y el resto marines estadounidenses)
- 95 embarcaciones, entre ellas 3 acorazados, 2 cruceros y 19 destructores
Ante semejante poderío, los japoneses, aprovechando el mal tiempo y la densa niebla que impedían el reconocimiento aéreo, abandonaron Kiska sin dejar rastro.
Sin embargo, la peor parte estaba por venir: los aliados sufrieron 200 muertos y más de 300 heridos a causa de fuego amigo, trampas explosivas y la explosión del destructor USS Abner Read al chocar con una mina en el puerto.
Conclusión
La operación demostró que, aunque el objetivo estratégico se alcanzó sin resistencia enemiga, el costo humano para los marines fue elevado, convirtiendo la “victoria” en una experiencia humillante.
Fuentes e imagen: Canadian Heroes, McClatchy, Find Articles.