Entrenamiento de los perros paracaidistas
En la base militar de Larkhill, los caninos fueron adiestrados para detectar minas, realizar tareas de vigilancia y servir como mensajeros. Además, aprendieron a enfrentar el ruido de los motores y, lo más importante, a saltar de aviones. Para superar el miedo al salto, los instructores los mantenían en ayunas y, justo antes del salto, lanzaban un trozo de carne jugosa. Tras el salto, los perros, hambrientos, se lanzaban a buscar la recompensa, perdiendo poco a poco el temor y, según los relatos, incluso disfrutando del proceso. Tras dos meses de entrenamiento intensivo, estaban listos para el Día D.

El día del desembarco (6 de junio de 1944)
Tres aviones del 13th Parachute Regiment and Airborne Forces despegaron con 20 paracaidistas y un perro cada uno: Bing, Monty y Ranee. Aunque ninguno fue alcanzado por la defensa antiaérea alemana, los aviones sintieron fuertes sacudidas por explosiones cercanas.
Monty y Ranee mantuvieron la calma, pero Bing se puso muy nervioso, ladró y se escondió bajo un asiento. Su paracaídas quedó atrapado en un árbol, resultando herido antes de ser rescatado por los paracaidistas. Monty sufrió heridas graves y Ranee desapareció durante el salto.

El heroísmo de Bing
A pesar de sus heridas, Bing continuó cumpliendo su misión. En la segunda fase de la campaña, durante la Operación Varsity en marzo de 1945, detectó minas y salvó a sus compañeros de una emboscada. Por sus acciones fue galardonado con la medalla Dickin, el máximo reconocimiento británico para animales en conflictos bélicos.
Tras su fallecimiento en 1955, Bing fue enterrado en Londres y su estatua se exhibe en el Museo del Regimiento de Paracaidistas y Tropas Aerotransportadas.

Bing el día de su condecoración, junto a su dueña Betty Fetch.