Historia antigua

Geraldo Sempavor, el Cid de Portugal

Geraldo Sempavor, el Cid de Portugal

En la época de la expansión cristiana y feudal, los reinos y señoríos surgían y desaparecían con la espada. Normandos en las Islas Británicas, en el sur de Italia y Sicilia; leoneses, castellanos, aragoneses y catalanes contra los musulmanes en la Península; caballeros europeos en Tierra Santa; guerreros alemanes avanzando hacia el este (el Drang nach Osten). Todos ellos forman parte del gran proceso de expansión cristiana que marcó la Europa medieval.

Mientras los poderes feudales se fragmentaban, aventureros como Roberto Giscard, su hermano Rogelio de Hauteville, Rodrigo el Campeador o el conde Bohemundo de Tarento lograron conquistas individuales. A mediados del siglo XII, sin embargo, los reinos monárquicos se fueron consolidando y, con la creación de las órdenes militares (templarios, hospitalarios, de Santiago, Calatrava, Alcántara, caballeros teutónicos), la figura del señor guerrero independiente empezó a desaparecer.

Antes de que la monarquía monopolizara la expansión, existían ventanas de oportunidad para nobles y caballeros. En la Península Ibérica del siglo XII, los reyes fortalecían sus relaciones con la nobleza e incorporaban a las órdenes militares en la cruzada contra los infieles. Al final del siglo, ya no era posible que un caballero como el Cid Campeador fundara su propio principado sin someterse a la autoridad real.

Una de esas oportunidades surgió alrededor de 1162 para un caballero portugués llamado Geraldo Sempavor (Geraldo Sin Miedo), al que algunos historiadores más tarde llamaron “el Cid portugués”. ¿Sus hazañas pueden compararse con las de Rodrigo Díaz de Vivar? En parte sí: su proyecto personal y su modo de operar guardan similitudes con el Cid. En parte no: su empresa quedó inconclusa y nunca generó la literatura heroica que rodeó al Cid castellano.

La Península Ibérica a mediados del siglo XII: la aparición de los almohades

El siglo XII estuvo marcado por cambios políticos que condicionaron la relación entre cristianos y musulmanes. Tras la muerte del emperador Alfonso VI en 1109, su hija Urraca heredó el trono, desatando una guerra civil entre León y Castilla que duró décadas. Mientras tanto, los almorávides del Magreb consolidaban su poder en al‑Ándalus y combatían a los reinos cristianos en la zona del Tajo y el Ebro.

El declive de los almorávides dio paso al surgimiento de los almohades. Alrededor de 1120, Ibn Tumart predicó una doctrina islámica más rígida en el suroeste de Marruecos, fundando el movimiento almohade que, bajo el liderazgo de Abd al‑Muʿmin, se transformó en un imperio militar. En 1146 los almohades cruzaron al territorio ibérico, iniciando una serie de enfrentamientos con los reinos cristianos.

En 1157 el emperador Alfonso VII murió y dividió su reino entre sus hijos: León para Fernando y Castilla para Sancho. La frontera quedó establecida en el Tratado de Sahagún, que marcó la línea de expansión cristiana contra los musulmanes.

Al oeste, el conde Alfonso Enríquez (más tarde rey de Portugal) había derrotado a los almorávides en la batalla de Ourique (1139) y se hacía con el título de rey de facto, aunque el reconocimiento papal llegó sólo en 1179.

Tensiones entre Portugal y León: la aparición de Geraldo Sempavor

En 1163 falleció el califa almohade Abd al‑Muʿmin y le sucedió su hijo Yūsuf I, gobernador de Sevilla. Ese mismo año aparecen los primeros registros de Geraldo Sempavor, caballero portugués que actuó en la zona fronteriza entre Portugal y León. El tratado de Sahagún había asignado la zona «hasta Lisboa» a León, lo que amenazaba la expansión portuguesa. Alfonso Enríquez, para contrarrestar la amenaza, confió a Geraldo la tarea de mantener a los templarios portugueses ocupados luchando contra los almohades en el Alentejo.

En 1165 se celebró el matrimonio entre la infanta Urraca (hija de Alfonso Enríquez) y Fernando II de León, intentando aliviar las tensiones fronterizas. Sin embargo, entre 1166 y 1168 Alfonso Enríquez atacó Galicia, ocupando plazas leonesas, mientras Fernando II reforzaba ciudades como Ciudad Rodrigo y arrebataba Alcántara y Alburquerque a los almohades, creando una zona de conflicto entre los dos reinos cristianos.

Durante esos años la presencia almohade en el llamado Garb al‑Ándalus (el oeste de al‑Ándalus) era muy débil, pues el califato concentraba sus fuerzas contra el rebelde Ibn Mardanish, el “Rey Lobo”, en el este. Ese vacío de poder permitió a Geraldo Sempavor lanzar una rápida sucesión de conquistas: Trujillo, Évora, Cáceres, Montánchez, Serpa, Jurumeña, Santa Cruz de la Sierra, Monfragüe y Alconchel.

La crónica del historiador almohade Ibn Sahib al‑Sala es la principal fuente que describe las hazañas de Geraldo, quien empleó tácticas de sorpresa, nocturnidad y ataques relámpago, semejantes a operaciones de comando.

La amenaza a León y la embajada sevillana de Fernando Rodríguez de Castro

Desde su base en Jurumeña, situada a orillas del Guadiana, Geraldo acosó Badajoz y preparó un asedio. Fernando II de León, acosado por conflictos con Portugal y Castilla, buscó aliados y envió a su noble más influyente, Fernando Rodríguez de Castro, a la corte almohade de Sevilla para negociar una alianza.

Rodríguez de Castro, después de varios meses en Sevilla y de recibir lujosos obsequios, aceptó servir al califa Yūsuf I a cambio de apoyo militar contra León. Esta alianza resultó crucial cuando, en 1169, el asedio a Badajoz culminó con la intervención de tropas leonesas que lograron abrir una brecha en las murallas y enfrentarse a los portugueses.

Batalla de Badajoz (1169)

En marzo‑abril de 1169 Geraldo había sitiado la mayor parte de Badajoz, ofreciendo una tregua condicional a los almohades. Fernando II respondió al llamado de auxilio y, junto al rey portugués Alfonso Enríquez, se acercó al sitio. Los defensores almohades lograron abrir una brecha que permitió la entrada de tropas leonesas, desencadenando una feroz batalla.

El rey Alfonso Enríquez resultó herido gravemente y fue capturado; Geraldo también cayó prisionero. Para obtener su libertad, el monarca tuvo que ceder los puestos fronterizos de Limia y Torón a Fernando II. Rodríguez de Castro se quedó con el territorio conquistado por Geraldo, convirtiéndose en señor de Trujillo.

Fortificación de Badajoz y nuevos intentos de Geraldo (1170‑1173)

El califa Yūsuf I nombró a Abu Yahya como nuevo gobernador de Badajoz, reforzando la ciudad. Geraldo, desde su base en Lobón, volvió a hostigar la zona, intentando cortar los suministros a la ciudad. En 1170 interceptó una convoys de cinco mil bestias cargadas de víveres que se dirigían a Sevilla, derrotando al gobernador y dejando la zona en caos.

Sin embargo, los almohades retomaron Jurumeña (otoño 1170) y Lobón (1171), neutralizando la amenaza de Geraldo.

El fin de Geraldo Sempavor

Los últimos años de su vida son oscuras. Sufrió una derrota frente a los almohades alrededor de 1173‑1174 y fue capturado. Posteriormente sirvió como mercenario al servicio de los almohades en Marruecos, donde recibió tierras a cambio de combatir revueltas anti‑almohades. En 1176 fue condenado a muerte y decapitado en tierras marroquíes.

Su memoria persiste en Évora, ciudad que conquistó; su figura aparece en el escudo heráldico de la ciudad, representada a caballo sobre las cabezas decapitadas de dos musulmanes.

¿Un Cid portugués?

Aunque Geraldo no generó la vasta literatura heroica que rodeó a Rodrigo Díaz, ambos compartieron circunstancias: aprovecharon vacíos de poder, comandaron huestes, emplearon la guerra de razias y operaron en zonas fronterizas turbulentas. En definitiva, fueron hombres de frontera en una época en la que la distinción entre cristiano y musulmán era difusa en los límites cambiantes del medievo ibérico.

Fuentes y bibliografía

  • AGUILAR SEBASTIÁN, Victoria: “Aportación de los árabes nómadas a la organización militar del ejército almohade”, al‑Qantara, XIV (1993), pp. 393‑415.
  • IBN SAHIB AL‑SALA: al‑Mann bil‑Imama, traducción e índices de Ambrosio Huici Miranda, Valencia, Anubar, 1969.
  • CRESSIER, Patrice; FIERRO, Maribel; MOLINA, Luis (eds.): Los almohades: problemas y perspectivas, 2 vols., Madrid, CSIC, 2005.
  • Crónica latina de los reyes de Castilla, traducción de Luis Charlo Brea, Madrid, 1999.
  • HUICI MIRANDA, Ambrosio: Historia Política del Imperio Almohade, Granada, 2000.
  • LAPIEDRA, Eva: “Giraldo Sem Pavor, Alfonso Enríquez y los almohades”, en F. Díaz Esteban (ed.), El reino taifa de Badajoz, Madrid, 1996, pp. 147‑158.
  • LOPES, David: “O Cid português: Geraldo Sempavor”, Revista Portuguesa de História, 1 (1941), pp. 93‑110.
  • PORRINAS GONZÁLEZ, David: “La actuación de Giraldo Sempavor al mediar el siglo XII: un estudio comparativo”, en J. Clemente Ramos & J. L. de la Montaña Conchiña (eds.), II Jornadas de Historia Medieval de Extremadura, Mérida, 2005, pp. 179‑188.
  • PEREIRA, Armando da Sousa: Geraldo Sem Pavor. Um guerreiro de fronteira entre cristãos e muçulmanos, c. 1162‑1176, Oporto, 2008.
  • VIGUERA MOLINS, María Jesús et al.: El retroceso territorial de al‑Ándalus. Almorávides y almohades, siglos XI al XIII, Historia de España Menéndez Pidal, Tomo VIII‑III, Madrid, 1997.

Geraldo Sempavor, el Cid de Portugal