Historia antigua

Cómo los países anglosajones rechazaron la cláusula de igualdad racial propuesta por Japón en 1919

Contexto histórico

El Tratado de Versalles de 1919, que puso fin a la Primera Guerra Mundial, es famoso por las duras condiciones impuestas a Alemania. Lo que menos se conoce es que Japón también se alejó de Occidente, rompiendo la alianza con Gran Bretaña y acercándose progresivamente a lo que más tarde serían las potencias del Eje.

La Conferencia de Paz en París

El 11 de noviembre de 1918 se firmó el armisticio de Compiègne, que puso fin a los combates. Tras la ocupación del Rin, se convocó la Conferencia de Paz de París (1919‑1920), con la participación de 32 países y los "Cuatro Grandes": Georges Clemenceau (Francia), David Lloyd George (Gran Bretaña), Vittorio Emilio Orlando (Italia) y Woodrow Wilson (EE. UU.). Japón, que había sido aliado de los vencedores desde la victoria sobre Rusia en 1905, asistió con una delegación encabezada por Makino Nobuaki, Saionji Kinmochi y el embajador en Londres, Chinda Sutemi.

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Los japoneses se sintieron relegados a un papel secundario y solo fueron consultados en asuntos de Asia y el Pacífico, donde buscaban apropiarse de antiguas colonias alemanas (Shandong, Kiaochow, Micronesia y los archipiélagos de las Carolinas, Marshall y Marianas).

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La propuesta de igualdad racial

Ante los comentarios despectivos de algunos aliados —por ejemplo, Clemenceau dijo que tendría que convivir con "los feos orientales" en una ciudad llena de bellezas rubias—, la delegación japonesa propuso incluir en la Carta de la Sociedad de Naciones una cláusula que reconociera «el principio de igualdad de todos los países y el trato justo a sus nacionales». La idea, conocida como Jinshutekisabetsu teppai teian (propuesta para abolir la discriminación racial), buscaba evitar que Japón quedara relegado a un estatus inferior en el nuevo orden internacional.

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Makino Nobuaki argumentó que soldados de distintas razas habían luchado juntos, pero su verdadero objetivo era geoestratégico: impedir que Japón fuera tratado como una potencia menor. Curiosamente, Japón mismo mantenía políticas discriminatorias contra chinos y coreanos.

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Reacciones de los países anglosajones

Los delegados británicos, encabezados por Robert Cecil, y el griego Eleftherios Venizelos advirtieron que la cuestión era demasiado polémica. Cecil, futuro Nobel de la Paz (1937), propuso eliminar del texto cualquier referencia a discriminación racial o religiosa.

En ese momento, EE. UU., Canadá, Australia y Nueva Zelanda estaban inmersos en políticas de exclusión migratoria contra los asiáticos. El primer ministro australiano, Billy Hughes, defendía la política del "White Australia" y rechazó la igualdad racial por motivos laborales y raciales. El premier neozelandés William Massey tomó una postura similar, mientras que el británico Arthur James Balfour afirmó que no creía que "un hombre de África central fuera igual a un europeo".

Los primeros ministros de Sudáfrica (Jan Smuts) y Canadá (Robert Borden) intentaron mediar, pero el encuentro resultó en un estancamiento: los japoneses no aceptaron que la cláusula excluyera la inmigración.

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Woodrow Wilson, seguidor de la segregación y dependiente del apoyo de los demócratas sureños, también se mostró reticente. Aun cuando el proyecto contaba con el voto a favor de Japón, Francia, Italia, Brasil, China, Grecia, Serbia y Checoslovaquia, la falta de unanimidad (se abstuvieron el Imperio Británico, EE. UU., Portugal y Rumanía; Bélgica no asistió) llevó a Wilson a anular la propuesta.

Votación y consecuencias inmediatas

El 19 de abril de 1919, tras los debates, se realizó la votación. Once de los diecisiete delegados presentes apoyaron la propuesta, pero Wilson consideró que la ausencia de consenso la hacía inviable y la descartó. A cambio, prometió a Japón el reconocimiento de sus reclamos territoriales sobre las antiguas colonias alemanas en China y el Pacífico, lo que Japón aceptó sin llegar a la anexión total.

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Impacto a medio plazo

El rechazo alimentó un creciente sentimiento anti‑americano en Japón, especialmente en sus fuerzas armadas. La limitación naval impuesta por el Tratado de Washington (1922) reforzó la percepción de una política occidental hostil. La afinidad por Alemania, ya presente en el ejército durante la Gran Guerra, se intensificó y, a mediados de los años 30, Japón abandonó la Sociedad de Naciones junto a la Alemania nazi e Italia fascista.

Paralelamente, EE. UU. vivía el "Red Summer" de 1919, una serie de disturbios raciales que debilitó el apoyo interno a la Liga de Naciones. Wilson, tras ganar el Nobel de la Paz, sufrió un derrame que le dejó paralizado y no pudo defender su posición, lo que permitió que los demócratas sureños votaran contra la adhesión estadounidense. El fracaso de la Liga se hizo evidente durante la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial.