El HMS E11 y la caballería británica
La idea de que un submarino se enfrente a una unidad de caballería parece absurda, pero la Primera Guerra Mundial nos dejó dos episodios que rozan lo increíble. El primero lo protagonizó el submarino británico HMS E11, comandado por el teniente comandante Martin Dunbar‑Nasmith.
El HMS E11 era el undécimo de la clase E, una versión mejorada de la clase D. Medía 55 m de eslora, 4,6 m de manga y desplazaba 662 t a flote (897 t sumergido). Poseía dos motores diésel de 800 cv y dos eléctricos de 420 cv, alcanzando 16 nudos en superficie y 10 bajo el agua, con una autonomía de 2 829 nm y una profundidad máxima de 61 m.
Comisionado el 23 de abril de 1914, el E11 contó con una tripulación de 28 marineros y tres oficiales. En agosto, poco después de que estallara la guerra, confundió al submarino danés neutral Havmanden con el alemán SM U‑3 y lanzó un torpedo que, afortunadamente, no impactó.
En septiembre, el teniente comandante Dunbar‑Nasmith, de 31 años y con experiencia en el HMS D4, tomó el mando del E11. Después de servir en el Báltico y participar en la defensa de Scarborough, el submarino se trasladó al Mar de Mármara, donde cruzó los Dardanelos y capturó un dhow que utilizó como cebo, aunque sin éxito.
Durante el verano de 1915, el E11 hundió varios buques turcos, entre ellos el transporte Nagara y el crucero Peyk‑i Şevket. En total anotó 11 hundimientos, lo que le valió a Nasmith la Cruz Victoria. Dos de sus oficiales, los tenientes Guy D'Oyly‑Hughes y Robert Brown, recibieron condecoraciones por una incursión terrestre que destruyó la línea férrea entre Estambul y Bagdad.
Ese mismo verano, tras hundir otro transporte otomano que encalló en la costa, Nasmith salió a la superficie para comprobar el daño. En ese momento apareció una escuadra de caballería que, al observar el submarino, obligó a la tripulación a replegarse. Se podría decir, en tono jocoso, que fue la primera vez que la caballería hizo retroceder a un submarino.
El SM UC‑61 y la captura por la caballería francesa
El segundo caso ocurrió dos años después, esta vez con el submarino alemán SM UC‑61. Era un Unterseeboot tipo UC II, diseñado principalmente como minador, aunque también participó en acciones de combate. Medía 51,85 m de eslora, 5,22 m de manga y desplazaba 422 t a flote (504 t sumergido). Sus motores le daban una velocidad máxima de 11,9 nudos en superficie y 7,2 nudos bajo el agua, con alcance de 8 000 nm y una profundidad operativa de 50 m.
El UC‑61 fue botado el 11 de noviembre de 1916 y quedó al mando del teniente capitán Georg Gerth, quien dirigía a tres oficiales y 23 tripulantes. Integrado en la Flotilla de Flandes, su primera misión terminó abruptamente cuando chocó con un destructor y tuvo que descender a 60 m para escapar, quedando gravemente dañados sus motores.
Tras reparaciones en Zeebrugge, el submarino volvió al mar y, a finales de junio de 1917, colocó minas cerca del faro Pierre‑Noires, hundiendo al crucero francés Kléber y varios buques menores. El 25 de julio, mientras transportaba 18 minas hacia Boulogne y Le Havre, avistó un crucero y Gerth intentó acecharlo.
Esa misma noche, el UC‑61 encalló cerca de Wissant, en la costa de Boulogne‑sur‑Mer, al no percatarse de la marea baja. La tripulación preparó explosivos para destruir el submarino y evitar que cayera en manos enemigas. Sin embargo, los guardias de aduanas franceses ya habían avistado la nave y, al instante, una unidad de caballería llegó a la playa.
Los soldados presenciaron la detonación que partió el submarino por la mitad y tomaron prisioneros a sus tripulantes. Días después, los restos fueron bombardeados para inutilizar las minas que aún contenía. Con el tiempo, el casco se ha ido enterrando bajo la arena, pero cada pocos años vuelve a asomar y se ha convertido en una curiosa atracción turística que simboliza, de forma irónica, la derrota del arma submarina frente a la caballería.