Contexto histórico
Heliogábalo, cuyo nombre real era Vario Avito Basiano, fue emperador romano a principios del siglo III, una época de crisis profunda para el Imperio tanto económica como políticamente. Tras la muerte de Marco Aurelio, la sucesión se volvió caótica: Commodus, Pertinax y una serie de usurpadores se sucedieron en el trono, y en el 193 los pretorianos organizaron una subasta donde el general Julian fue el mayor postor. Al mismo tiempo, legiones en la frontera proclamaron simultáneamente a tres emperadores: Albinus en Britania, Nigro en Siria y Septimio Severo en Iliria y Panonia.
Severo salió victorioso, consolidó su poder con mano de hierro y promulgó la máxima "enriquecer a los soldados y no preocuparse por el resto". Sus reformas estabilizaron momentáneamente el Imperio, aunque a costa de la autoridad del Senado, convirtiendo al régimen en una dictadura militar de facto.

Ascenso al trono
Tras la muerte de Severo, su hijo Marco Aurelio Severus Antonino Augusto, conocido como Caracalla, tomó el poder y sumió a Roma en una ola de represión. Cuando Macrino, prefecto pretoriano, derrocó a Caracalla, la familia de Basiano se exilió en la provincia siria de Emesa. Allí, la abuela de Basiano, Julia Soemias, difundió el rumor de que el joven era hijo secreto de Caracalla, con el fin de legitimar su reivindicación al trono.

Con el apoyo de la Tercera Legión, que había recibido dinero de la abuela, Basiano fue proclamado emperador en mayo del 218. Tras la derrota de Macrino en Antioquía y su posterior ejecución, los Severos regresaron a Roma.
El culto de El‑Gabal
Basiano era sumo sacerdote del dios sirio El‑Gabal ("dios de la montaña"), cuyo culto se originó en Emesa. Al asumir el poder, no quiso abandonar su función religiosa y trató de imponer el culto de El‑Gabal en Roma, desplazando al tradicional panteón romano. Construyó el Elagabalium en el Palatino, aprovechando los cimientos inacabados de un templo a Júpiter iniciado por Domiciano. El templo tenía una planta rectangular de 70 × 40 m y albergaba una piedra cónica negra, supuestamente un meteorito, que representaba al dios.

El emperador obligó a la Senate a erigir imágenes suyas como El‑Gabal y a asistir a sus ceremonias, lo que provocó una fuerte resistencia tanto del Senado como del ejército.
Escándalos y caída
Además de sus reformas religiosas, Heliógábalo generó escándalo por su vida privada. Se casó cinco veces, mantenía una relación íntima con su esclavo carruaje, Hierocles, a quien llegó a considerar su esposo, y, según la Historia Augusta, incluso celebró una boda pública con un joven llamado Smirion. Dión Casio relata que el emperador se maquillaba, usaba pelucas y se prostituía, y que buscó a un médico para cambiar sus genitales, lo que hoy se interpretaría como una identidad trans.

Su intento de nombrar a Hierocles como César enfureció a la familia y a la Guardia Pretoriana. La abuela de Heliógábalo logró convencerlo de nombrar a su primo Alejandro Severo como César. Cuando los pretorianos descubrieron que Alejandro contaba con su apoyo, se rebelaron en el 222, asesinaron a Heliógábalo y a su madre, y arrastraron sus cuerpos desnudos por las calles antes de arrojarlos al Tíber. Hierocles y los demás miembros de la corte sufrieron el mismo destino.

Tras la muerte del joven emperador, Alejandro Severo, de solo trece años, accedió al trono bajo la regencia de su abuela y luego de su madre. Elagabalio fue demolido, el culto de El‑Gabal proscripto y el templo del Palatino quedó nuevamente dedicado a Júpiter. La damnatio memoriae borró prácticamente todo rastro de Heliógábalo, aunque la prohibición de la presencia de mujeres en el Senado fue temporalmente revocada, recuperando brevemente parte de sus prerrogativas.