Contexto histórico
En febrero de 1940, mientras el mundo estaba inmerso en la Segunda Guerra Mundial, la zona del Dogger Bank, una extensa planicie arenosa en el corazón del Mar del Norte, se convirtió en el escenario de una tragedia naval alemana. Esa zona, a 100 km de la costa británica, era un importante coto pesquero de bacalao y arenque que atraía numerosos buques de pesca.
Objetivo de la operación
Los altos mandos alemanes sospechaban que varios de esos barcos eran Vorpostenboote, embarcaciones de pesca o mercantes reconvertidas y armadas para tareas de reconocimiento, escolta y minado. Tras recibir informes de la Luftwaffe sobre la presencia de submarinos, el mando superior decidió lanzar la Operación Wikinger para eliminar la supuesta amenaza.
Los destructores involucrados
Participaron seis destructores de la 1ª Flota de destructores: Friedrich Eckoldt, Richard Beitzen, Erich Koellner, Leberecht Maass, Max Schulz y Theodor Riedel. Los tres últimos tendrían un papel crucial en los hechos que siguieron.
Leberecht Maass (Z1) fue el primer destructor alemán construido después de la Primera Guerra Mundial. Max Schulz (Z3) había sufrido colisiones y averías previas, mientras que Theodor Riedel (Z6) era el más moderno, aunque también había tenido incidentes menores.

Falta de coordinación entre la Luftwaffe y la Kriegsmarine
El almirante Hermann Göring se negó a asignar aviones a la Marina, por lo que la operación dependía de dos escuadrones de bombarderos Heinkel He 111 del X Fliegerkorps. La Luftwaffe no informó a la Kriegsmarine de su misión, y los aviones, que originalmente planeaban atacar Inglaterra, desconocían la presencia de los destructores alemanes.

El fatídico día 22 de febrero
La escuadra zarpó de Wilhelmshaven bajo el mando del comandante Fritz Antz Berger. Tras navegar por un canal libre de minas llamado "Westwall", el grupo se encontró con una noche clara y un mar en calma.
Alrededor de las 19:15, un Heinkel de la II Gruppe del Kampfgeschwader sobrevoló la formación a baja altura. Creyó haber avistado un buque mercante de unos 4 000 toneladas y, al no recibir respuesta a sus señales, lo confundió con un objetivo hostil. El piloto abrió fuego antiaéreo; el destructor Leberecht Maass respondió con ametralladoras y el avión lanzó cuatro bombas.

Una bomba explotó entre el puente y la primera chimenea, hiriéndolo gravemente. Un segundo ataque, a los 19:45, con dos bombas más, dividió al Leberecht Maass por la mitad y lo hundió en aguas de apenas 36 m de profundidad. Gracias a la poca profundidad, parte de la nave emergió y los sobrevivientes fueron rescatados.
Poco después, alrededor de las 20:00, el destructor Max Schulz desapareció sin que se avistaran aviones. En medio del caos se pensó que había sido torpedeado, pero investigaciones posteriores atribuyeron su hundimiento a una mina naval.

Mientras Erich Koellner intentaba rescatar a los náufragos, una embarcación que había amarrado a su costado volcó y los ocupantes se ahogaron. La maniobra de lanzamiento apresurado de profundidad de Theodor Riedel dañó su timón, obligándola a girar en círculos.
Consecuencias
La operación concluyó a las 21:05, en completa oscuridad, con sólo 60 supervivientes de los 578 tripulantes perdidos. Una investigación a bordo del crucero Admiral Hipper determinó que no había submarinos en la zona y que las minas fueron la causa principal del siniestro. El origen exacto de la destrucción del Leberecht Maass sigue sin resolverse: bomba aérea, explosión interna o mina.
La Kriegsmarine perdió sus primeros destructores de la guerra, empañada por el fuego amigo y la falta de responsabilidad entre la Luftwaffe y la Marina.