Historia antigua

La batalla de Ortona: el pequeño Stalingrado italiano

Una batalla épica en la costa adriática

En los primeros días de diciembre de 1943, la 1ª División de Infantería canadiense y la 1ª Brigada Blindada canadiense iniciaron la batalla más encarnizada de la campaña italiana. Entre el barro y la lluvia, las tropas avanzaron del río Moro a Ortona, combatiendo casa por casa y habitación por habitación contra defensores alemanes decididos. Con un valor extraordinario, los canadienses lograron la victoria y aseguraron la ciudad justo después de Navidad. Así lo recuerda una placa colocada en el año 2000 en la piazza Plebiscite de Ortona (Italia), donde a finales de 1943 tuvo lugar uno de los combates más duros de la Segunda Guerra Mundial, pese a su modesto tamaño.

Ortona y su historia

Ortona es un municipio de la provincia de Chieti, en la región de Abruzzo. Se asienta sobre el mar Adriático, a unos veinte kilómetros al sur de Pescara, y posee una historia rica: fundada probablemente por los Frentani (pueblo ílico descendiente de los samnitas), pasó a dominio romano, fue ocupada en la Edad Media primero por los francos y luego por los normandos, conquistada por la República de Venecia (que la disputó con Aragón) en el siglo XV, cayó en manos españolas y, finalmente, se incorporó al Reino de Italia en el siglo XIX.

Hoy es una ciudad pequeña que se multiplica en verano, pero fuera de temporada apenas supera los veinte mil habitantes, el doble de la población que tenía cuando la Segunda Guerra Mundial llegó a su punto medio y la campaña italiana comenzó a mediados de 1943 con el objetivo de obligar a los alemanes a desviar tropas de Francia, pues la Operación Overlord, el famoso desembarco en Normandía, ya se estaba planificando.

La batalla de Ortona: el pequeño Stalingrado italiano

El contexto de la campaña italiana

Tras la exitosa conclusión de la campaña del Norte de África, la península itálica se presentó como el siguiente paso lógico para presionar al Eje en varios frentes. Sicilia fue la primera fase; cuando las operaciones Avalanche, Baytown y Slapstick llevaron al desembarco en el continente, el régimen fascista colapsó. En julio, el rey Víctor Manuel III destituyó a Mussolini y firmó un armisticio con los Aliados. Un mes y medio después, un comando de la Waffen‑SS liberó al Duce, que instauró la República Social Italiana, aunque su poder real quedó limitado frente a la Wehrmacht, que de facto controló el país.

El avance aliado se vio dificultado por la orografía: los alemanes aprovecharon los Apeninos y el Abruzzo para crear líneas defensivas que cruzaban la península de costa a costa, entre el mar Tirreno y el Adriático. De sur a norte surgieron las líneas Volturno, Barbara, Gustav, César y Switch, y más al norte se establecieron otras fortificaciones.

La batalla de Ortona: el pequeño Stalingrado italiano

Dos líneas menores, Bernhardt (o Reinhard) y Hitler (renombrada Senger en 1944), complementaban la parte occidental de la Gustav. El extremo oriental de esa línea terminaba precisamente en Ortona, aprovechando el río Sangro como barrera natural. Juntas formaban la llamada Winter Line, reforzada con búnkeres, cañones, trincheras, alambre de púas y campos minados.

Los comandantes

El Grupo de Ejércitos C, bajo el mando del general alemán Heinrich von Vietinghoff, recibió la tarea de retrasar al enemigo lo máximo posible. El mariscal Albert Kesselring, comandante de las fuerzas alemanas en Italia, delegó la defensa del sector oriental al general de paracaidistas Richard Heidrich, veterano de Polonia, Creta y el asedio de Leningrado.

Heidrich, conocido por su papel en Montecassino, se enfrentó al mayor general canadiense Christopher Vokes, de ascendencia irlandesa pero criado en Canadá. Vokes, recién ascendido para reemplazar a su superior enfermo, combinaba una excelente capacidad operativa con una fuerte empatía hacia sus tropas.

La batalla de Ortona: el pequeño Stalingrado italiano

El avance hacia Ortona

Las líneas Volturno y Barbara cayeron entre octubre y principios de noviembre de 1943. El 23 de noviembre, el Ejército Británico Octavo, compuesto por cuatro divisiones de infantería (británica, canadiense, india y neozelandesa) y dos brigadas blindadas, lanzó la ofensiva contra la Gustav bajo el mando del general Sir Harold Alexander. Antes de que terminara el mes, la 78ª División de Infantería del general Vyvyan Evelegh cruzó con éxito el Sangro; su siguiente objetivo era el río Moro, a cuatro millas de distancia, y entregó el mando a Vokes.

El ataque se reanudó el 5 de diciembre. Según el plan de Montgomery, Ortona y Pescara debían ser capturadas por la costa, mientras que los neozelandeses apuntaban a Orsogna y los indios proporcionarían apoyo. Los defensores alemanes contaban con la 1ª División de Paracaidistas, la 90ª Panzergrenadierdivision, la 26ª Panzerdivision y la 65ª Infantería, reforzadas por el Cuerpo de Panzer LXXVI.

Vokes llegó al Moro el 9 de diciembre, pero fue detenido, al igual que los neozelandeses, lo que obligó a intervenir a la división india, cuyos ingenieros construyeron un puente.

La batalla de Ortona: el pequeño Stalingrado italiano

La lucha urbana

Los alemanes, bajo la orden de “luchar hasta la última casa y árbol”, recibieron refuerzos de los paracaidistas, entre ellos el teniente Harold Quandt, hijo del primer matrimonio de Magda Goebbels, quien también combatió en Montecassino. El 23 de diciembre, Montgomery abandonó Italia para centrarse en la Operación Overlord; lo sustituyó el teniente general Sir Oliver Leese. El brigadier Howard Graham, del 1.º Brigada de Infantería de la 1ª División canadiense, superó las lluvias que habían convertido el terreno en un lodazal y alcanzó los alrededores de Ortona, donde fue relevado por el brigadier Bert Hoffmeister de la 2.º Brigada para iniciar el asalto.

Los ingenieros y paracaidistas alemanes habían demolido gran parte del casco antiguo, convirtiendo sus estrechas calles en un laberinto mortal. Los canadienses se vieron obligados a emplear una táctica urbana poco convencional: en lugar de pelear en la calle, perforaban agujeros en las paredes para avanzar de habitación en habitación, una técnica conocida como mouse‑holing (agujeros de ratón), ya utilizada en el Levantamiento de Pascua de 1916 en Dublín.

La batalla de Ortona: el pequeño Stalingrado italiano

El Loyal Edmonton Regiment y los Seafort Highlanders of Canada, reforzados por la 3.º Brigada de Infantería, iniciaron el ataque frontal el 20 de diciembre. Al día siguiente, al penetrar en el interior de la ciudad, se encontraron con un infierno que muchos comparan con una versión en miniatura de Stalingrado.

Los tanques del 12.º Regimiento Blindado canadiense fueron frenados por cañones antitanque ocultos, obligando a los soldados a abrir brechas con sus PIAT, lanzar granadas y limpiar habitaciones con fuego de ametralladoras, incluso a corta distancia. En ocasiones, se dinamizaban casas enteras para derribarlas sobre el enemigo, práctica empleada por ambos bandos.

La batalla de Ortona: el pequeño Stalingrado italiano

Los 24 y 26 de diciembre, los alemanes lanzaron contraataques que causaron alrededor de 650 bajas canadienses. Sin suministros y rodeados, los defensores consideraron prudente abandonar Ortona el 27 de diciembre. Vokes tomó la ciudad el 28, tras poco más de una semana de combates, pero a un alto precio humano y material.

Consecuencias y legado

El centro histórico quedó prácticamente destruido; la catedral, el hospital y algunos edificios apenas se salvaron. El costo humano fue devastador: más de 500 muertos canadienses (1.375 si se incluyen las acciones en el río Moro) y 964 heridos, representando una cuarta parte de todas las bajas canadienses en la campaña italiana, sin contar los casi 5.000 evacuados por enfermedad o agotamiento. Vokes, apodado “el carnicero” por sus críticos, fue acusado de sacrificar batallones de forma indiscriminada.

La batalla de Ortona: el pequeño Stalingrado italiano

En cuanto al impacto estratégico, la batalla no alteró de forma decisiva el curso de la guerra, aunque los alemanes estudiaron las tácticas urbanas aprendidas en Ortona y las aplicaron en Montecassino. Para los Aliados, Ortona era valiosa como uno de los pocos puertos de aguas profundas en el Adriático, que acortaría las líneas de suministro que entonces alcanzaban Bari y Taranto. Para los alemanes, su valor era limitado porque el puerto había sido destruido, y consideraban la lucha como un enfrentamiento menor de dos batallones por lado.

Sin embargo, la ferocidad del combate casa a casa le valió al enfrentamiento el sobrenombre de Stalingrado de Italia, recordado como uno de los episodios más duros de la campaña italiana.