Salvador Allende (1908‑1973) fue un político chileno que presidió la República entre 1970 y 1973. El 11 de septiembre de 1973 su gobierno socialista fue derrocado por un golpe militar encabezado por el general Augusto Pinochet. Allende, símbolo de la esperanza de la izquierda latinoamericana, murió poco antes de ser capturado por los golpistas. Para Chile marcó el inicio de una dictadura que duraría casi 15 años bajo el mando de Pinochet, y para el continente se convirtió en un referente del autoritarismo anticomunista de los años setenta.
Allende y la Unidad Popular
Nacido en una familia burguesa liberal en 1908, Allende se formó como médico pero se dedicó a la política desde sus años de estudiante. Fue uno de los fundadores del Partido Socialista de Chile en 1935, diputado, ministro de Salud a los 30 años y secretario general del partido en 1944. Su carácter íntegro y su estilo moderado lo convirtieron en la cara respetable de la izquierda chilena. Aunque admiró la Revolución cubana, defendió una transición pacífica y democrática al socialismo, en contraste con la corriente armada que predominaba en la región.
Durante la década de 1960 Chile vivía una fuerte inflación y una modernización acelerada. La Democracia Cristiana, al poder desde 1964, impulsó reformas agrarias y educativas, pero no logró detener el avance de la izquierda encabezada por Allende.
En las elecciones presidenciales de 1970, Allende logró, pese a las dificultades, unir a la izquierda y al centro‑izquierda bajo la coalición de la Unidad Popular. El programa incluía la lucha contra la inflación, la profundización de la reforma agraria, la nacionalización de los bancos y, sobre todo, la expropiación de la industria del cobre, entonces dominada por capitales estadounidenses.
Presidencia: esperanzas y amenazas
El plebiscito de septiembre de 1970 quedó muy reñido: 36,6 % para Allende, 35,3 % para el candidato conservador Alessandri y 28,1 % para el demócrata cristiano Tomić. Al no haber mayoría absoluta, la Constitución obligó al Congreso a elegir al presidente. Tras intensas negociaciones, y pese a la intervención de la CIA que buscaba impedir su elección, Allende fue designado presidente el 24 de octubre.
Al asumir, Allende puso en marcha la nacionalización del cobre, culminada en el verano de 1971. La respuesta de EE. UU., bajo la dirección de Henry Kissinger, fue un boicot a los créditos internacionales al gobierno chileno.
Los primeros meses mostraron resultados positivos: la inflación disminuyó, el poder adquisitivo subió y la economía creció. Sin embargo, a partir de 1972 surgieron problemas graves. Las reformas agrarias generaron resistencia violenta de algunos terratenientes; la oposición parlamentaria intensificó la confrontación en las calles; y la facción más radical de la Unidad Popular presionaba para acelerar la transformación socialista, incluso mediante la lucha armada.
Al mismo tiempo, la economía comenzó a desacelerarse, entrando en recesión. La falta de apoyo de las élites económicas y del financiamiento externo provocó una espiral de deuda e inflación. La creciente polarización social alimentó protestas masivas y una crisis de legitimidad del gobierno.
El ascenso de Augusto Pinochet
En el verano de 1973 el general Carlos Prats, entonces ministro de Defensa y comandante del Ejército, fue forzado a renunciar tras la huelga de camioneros que paralizó el país. Allende nombró en su lugar a Augusto Pinochet, un oficial católico de origen breton que había evitado participar en los primeros intentos de conspiración.
Pinochet, sin embargo, fue contactado por el almirante José Toribio Merino, jefe de la Armada y principal impulsor del golpe. Merino contaba con el apoyo de varios oficiales de alto rango y, según algunos historiadores, con la colaboración de Estados Unidos. Los planes conspirativos se ocultaron tras maniobras navales conjuntas con la Marina estadounidense a principios de septiembre.
Ante la presión de Merino, Pinochet decidió unirse a los golpistas, convencido de que oponerse pondría en riesgo su carrera e incluso su vida. Su ambición personal lo llevó a posicionarse como líder del futuro gobierno militar.
El golpe del 11 de septiembre de 1973
Antes del amanecer del 11 de septiembre, los infantes de marina tomaron el puerto de Valparaíso sin disparar. Horas después, el Ejército tomó el control de la mayor parte del territorio y, en Santiago, la aviación bombardeó la Casa de la Moneda, donde Allende se había refugiado con sus 42 escoltas.
Allende, creyendo que parte del ejército aún le era leal, solicitó la renuncia de Pinochet, quien solo respondió con una petición formal que luego descartó. Tras un último discurso radial, Allende se preparó para enfrentar el asalto.
A las 9 a.m. comenzó el asalto con blindados e infantería. Tras intensos combates y bombardeos aéreos, la resistencia de los guardias de Allende se quebró. A las 14 h. se confirmó su muerte; la versión oficial sostiene que se suicidó con un fusil AK‑47, regalo de Fidel Castro, aunque el asunto sigue siendo objeto de debate.
La dictadura de Pinochet
En los días posteriores al golpe, Pinochet disolvió el Congreso, los partidos y los sindicatos, instaurando un estado de emergencia que dio lugar a una brutal represión: más de 100 000 detenidos, 3 000 desaparecidos o ejecutados. A pesar de condenar públicamente la violencia, EE. UU. apoyó al régimen como aliado clave en la “Operación Cóndor” contra el comunismo.
Pinochet permaneció en el poder hasta 1990, cuando, tras un plebiscito en 1988, inició una transición lenta hacia la democracia. Fue detenido en Londres en 1998 por una orden de captura española, pero nunca fue juzgado por problemas de salud y falleció el 3 de diciembre de 2006.
Allende recibió una ceremonia de Estado en 1990, cuando Chile volvió a un gobierno civil.
Bibliografía
Chile, 11 de septiembre de 1973, democracia asesinada, Eduardo Castillo, Feathered Serpent, 2003.
Salvador Allende: la investigación íntima, Thomas Huchon, Eyrolles, 2010.
Salvador Allende: el otro 9/11, Antoine Blanca, 2003.
Pinochet: un dictador modelo, Jean‑Christophe Rampal, Hachette, 2003.