Una ciudad en honor al caballo de Alejandro
¿Te suena el nombre de Alejandría Bucéfala (también llamada Bucéfala o Bucephalia)? Fue una ciudad fundada por Alejandro Magno en el 326 a.C. en la ribera occidental del río Hydaspes (actual Jhelum, en el Punjab paquistaní). El nombre la eligió en homenaje a su querido caballo, el famoso Bucéfalo, que murió en batalla a los treinta años, casi al mismo tiempo que su amo.
La misteriosa ciudad de Péritas
El afecto de Alejandro por sus animales quedó patente también con la fundación de la ciudad de Péritas, nombrada en recuerdo de su perro favorito. Se desconoce su ubicación exacta, pero se cree que estaba también en la ribera occidental del Hydaspes, probablemente como una refondación de un asentamiento conquistado a Poros, rey de los Pauravas, cuyo territorio comprendía la zona entre el Hydaspes y el Acesines (actual Chenab) y cuya capital era Paura, hoy Lahore.
Lo que sabemos de Bucéfala
La ciudad no duró más de un siglo; su existencia se conoce solo a través de fuentes como Diodoro Sículo (que menciona la batalla y el monumental sepulcro que Alejandro erigió para su caballo), el Epítome de Metz y la Tabula Peutingeriana, un mapa romano de carreteras del siglo IV d.C. También se menciona brevemente en el Viaje del Mar Eritreo, un texto del siglo I d.C. sobre rutas grecorromanas.
Lo que se dice de Péritas
Sobre la ciudad de Péritas la información es aún más escasa: apenas aparecen citas en Plutarco (Vidas paralelas) y en Plinio el Viejo (Historia natural). No quedan restos arqueológicos de ninguna de las dos ciudades, en parte porque el cauce del Jhelum ha cambiado varios kilómetros en los últimos dos milenios.
¿Quiénes fueron Bucéfalo y Péritas?
Bucéfalo
El nombre del caballo significa "cabeza de toro". Los relatos varían: algunos describen una mancha en forma de estrella en su frente, otros aluden a la forma de su cráneo o a su robusto lomo. Diodoro dice que fue un regalo de Demarato de Corinto. La leyenda más famosa, recogida por Plutarco, narra que el animal era indómito y solo permitió ser montado por Alejandro, quien descubrió que el miedo del caballo estaba en el reflejo del sol. Pseudo-Calístenes lo vincula con las míticas yeguas de Diomedes y afirma que el oráculo de Delfos predijo que quien domara al caballo dominaría el mundo.
Péritas
Plutarco menciona que Alejandro, tras perder a su perro Péritas, fundó una ciudad con su nombre. El origen del nombre es incierto; algunos estudiosos lo relacionan con la palabra macedonia peritios, que designa el mes de enero, posible mes de su nacimiento. Según Plinio el Viejo, el perro le fue entregado por su tío Alejandro I de Epiro, hermano de la madre de Alejandro, Olimpia.
No se sabe con certeza la raza de Péritas, aunque se sugiere que podría haber sido un moloso (perro de gran tamaño y musculatura, típico de la región de Molosia en Epiro) o un mastín, bulldog o galgo. Lo que sí se conserva son varias anécdotas heroicas: se dice que combatió leones y elefantes, y que en la batalla de los Mallianos salvó a Alejandro de una lanza, muriendo en los brazos de su amo.
Los perros de guerra en la historia
Los perros han acompañado a los ejércitos desde la antigüedad: aparecen en pinturas egipcias, relieves asirios y persas, y en el ejército romano existían unidades de Canis pugnax. En la Edad Media y durante la Reconquista fueron comunes, y los conquistadores españoles los llevaron a América, desapareciendo solo con la generalización de las armas de fuego.
Conclusión
Las ciudades de Bucéfala y Péritas son testimonios del profundo vínculo que Alejandro Magno mantuvo con sus animales. Aunque hoy solo quedan referencias escritas, las leyendas sobre el valiente caballo y el leal perro siguen alimentando la fascinación por el gran conquistador.