Apeles y Protógenes: rivales y amigos
En el siglo IV a.C. los pintores griegos más famosos fueron Apeles, favorito de Alejandro Magno, y Protógenes, originario de Caria y residente casi toda su vida en Rodas. Ambos dominaban las técnicas helenísticas de perspectiva, foreshortening y luz, logrando un realismo comparable al de la escultura.
Obras y reconocimiento
Las pinturas de Protógenes decoraban santuarios, templos y edificios públicos. Pausanias menciona una obra sobre los thesmothetae (los seis archontes menores de Atenas) que se exhibía en la sala de la Boulé. Según Plinio el Viejo, en la Propila del Partenón había otro cuadro suyo que mostraba los navíos sagrados atenientes, el Paralo y el Ammonias (probablemente la Salamina).
Apeles, tan seguro de su talento, alababa a otros pintores: reconocía a Melantio en composición y a Asclepiodoro en perspectiva. Cuando supo que Protógenes, ya cincuenta años, vivía en la pobreza pintando barcos, viajó a Rodas para visitarlo.
Al llegar al estudio, encontró a una anciana que le preguntó a quién anunciar. Apeles trazó una línea delicada sobre un panel. La anciana, al ver la perfección del trazo, supo que sólo él podía haberlo hecho. Protógenes respondió dibujando una línea aún más fina y de otro color, dividiendo la de Apeles. El pintor griego volvió, admiró el gesto y dibujó una tercera línea tan sutil que Protógenes admitió su superioridad. Esa pieza pasó de generación en generación hasta que Julio César la compró; desapareció en el incendio del Palatino.
Negociaciones y anécdotas
Apeles ofreció a Protógenes 50 talentos (cerca de un millón de dólares actuales) por varias obras; el pintor pidió una suma modesta, pero los rodios, reconociendo su valor, pagaron más que el propio Apeles. Entre las hazañas de Protógenes destaca la de un sátiro al que pintó junto a una perdiz tan real que los pájaros reales la llamaban. Para no distraer la atención del sátiro, borró la perdiz del cuadro.
Al representar al héroe Ialysos, aplicó cuatro capas de pintura para que, al erosionarse la capa superior, los colores permanecieran vivos. Cuando no logró reproducir la espuma del perro de Ialysos, la borró con una esponja hasta obtener el efecto deseado.
El asedio de Demetrio Poliórcete
Durante el asedio de Rodas por el rey macedonio Demetrio Poliórcete, Protógenes siguió trabajando en el jardín de su estudio, justo en la línea de avance del ejército. Cuando Demetrio le preguntó por qué no se refugiaba, el pintor respondió: “Porque sé que luchas contra los rodios, no contra el arte”. El monarca ordenó guardias para protegerlo y cambió la dirección de sus tropas para no perturbar su labor.
Según Plutarco, la obra en curso era el retrato de Ialysos; los rodios incluso enviaron heraldos a Demetrio para que no la destruyera. El cuadro, que tomó siete años, estuvo en Rodas hasta la época de Augusto, cuando Cicerón lo vio. Más tarde, bajo el cuidado de Plinio, se trasladó a Roma y se instaló en el Templo de la Paz.
Legado y desaparecidos
Plinio indica que Protógenes produjo relativamente pocas obras. Entre ellas destacan un retrato de la madre de Aristóteles y su última pieza, Alejandro y Pan, la única en la que representó al conquistador macedonio. Ninguna copia ha sobrevivido; solo referencias en escritos y reproducciones romanas en frescos y mosaicos nos informan de su estilo.