Introducción
Desde la Antigüedad, la humanidad ha ideado castigos tan variados como sorprendentes. Entre ellos, la poena cullei romana destaca por su naturaleza tan extraña: el condenado era encerrado en un saco junto a animales vivos y arrojado al agua. Este método se reservaba, sobre todo, para los parricidas.
El delito de parricidio en Roma
En la sociedad romana la familia era la célula básica del Estado; el paterfamilias ejercía patria potestas, con poder absoluto sobre todos los miembros. Matar al padre o a otro familiar cercano se consideraba no solo un homicidio, sino una ofensa contra el orden social.
La Lex duodecim tabularum definía el parricidio como el homicidio voluntario de los padres por parte de sus hijos. Con el tiempo la legislación se amplió: la Lex Pompeia de parricidiis (55 a.C.) incluyó a suegros, abuelos, hermanos, tíos, cónyuges, primos, cuñados e incluso a los patrones.
Orígenes de la poena cullei
Se cree que la práctica tiene raíces monárquicas. Según Dionisio de Halicarnaso, el senador Marco Atilio fue condenado a ser arrojado al mar dentro de un saco por sacrilegio; algunos autores añaden que también se le acusó de parricidio.
El primer caso documentado de parricidio castigado con esta pena aparece después de la Segunda Guerra Púnica, con Lucio Hostio, aunque la forma exacta de su ejecución no quedó clara.
La ejecución ritual
El condenado era despojado, se le vendaba la cabeza con una bolsa de cuero o piel de lobo, se le calzaban soleae lignae (zuecos de madera) y se le introducían dentro del saco junto a animales: una serpiente (a menudo una víbora), un mono, un gallo y un perro. El saco se cerraba y se arrojaba a un río o al mar.
El simbolismo era múltiple: la serpiente representaba la traición familiar, el mono la locura, el gallo la violencia contra los padres y el perro la rabia. En la época imperial, bajo Augusto, la pena se institucionalizó y se volvió habitual; según Séneca, bajo Claudio se veían “más sacos que cruces”.
Evolución y declive
Durante el reinado de Adriano la poena cullei cayó en desuso, sustituyéndose por la ejecución mediante damnatio ad bestias o el entierro vivo. En el siglo III, Constantino la revivió, añadiendo el perro y el gallo, y más tarde Justiniano la incluyó en el Corpus iuris civilis con todos sus elementos animales.
Sin embargo, en el siglo IX la práctica desapareció en el Imperio Bizantino, siendo reemplazada por la quema en la hoguera.
Legado medieval y moderno
En la España medieval la pena quedó plasmada en las Siete Partidas de Alfonso X, aunque con el tiempo se transformó en una metáfora: el condenado era arrastrado a la horca y su cadáver se colocaba en un cubo decorado con imágenes de los animales.
En Alemania la sanción persistió hasta el siglo XVIII. El código penal sajón del siglo XII la menciona, y registros indican ejecuciones en Sajonia en 1731 y 1749. Finalmente, en 1761 la poena cullei fue abolida.
Conclusión
La poena cullei no fue sólo un método de ejecución, sino un ritual cargado de simbolismo que reflejaba la gravedad del parricidio en la mentalidad romana. Su prolongada historia, desde la República hasta la Edad Media, muestra cómo una práctica brutal puede perdurar y transformarse a lo largo de los siglos.