Historia antigua

El mismo error de los persas en 513 a.C. que repitieron los franceses en 1812 y los alemanes en 1941

Introducción

Dicen que la historia se repite y que nadie tropieza dos veces con la misma piedra. Sin embargo, tres gobernantes de épocas distintas cometieron el mismo error al intentar conquistar territorios que hoy forman parte de Rusia, sin aprender de sus predecesores.

La campaña persa contra los escitas (513 a.C.)

Motivos de la invasión

El rey persa Darío I decidió atacar a los escitas, pueblos nómadas que habitaban la zona sur de la actual Ucrania y Rusia, entre el Mar Negro y los ríos Danubio y Don. Los escitas habían incursionado en Media años antes, amenazando el comercio persa con el Mar Negro.

Desarrollo de la campaña

Darío cruzó el Bósforo sobre un puente de barcos diseñado por el ingeniero Mandroclés de Samos y avanzó hasta el Danubio. Al entrar en territorio escita, los nómadas evitaron el combate directo, retrocediendo al este mientras quemaban pastizales y envenenaban pozos, dejando al ejército persa sin alimentos ni refugio.

El mismo error de los persas en 513 a.C. que repitieron los franceses en 1812 y los alemanes en 1941

La respuesta escita

Los escitas, liderados por el rey Idantirsus, exigieron que los persas profanaran sus tumbas ancestrales antes de luchar, pues no tenían tierra que defender. Darío, sin obtener respuesta, construyó una serie de fortalezas que, según Heródoto, todavía se veían en su época.

El estancamiento y la retirada

Tras un mes más de persecución, el ejército persa sufrió cansancio, hambre y enfermedades. Con la llegada del invierno, Darío ordenó detener la marcha en las riberas del Volga y regresar a Tracia. Los escitas intentaron que los griegos destruyeran el puente sobre el Danubio, pero finalmente el paso persa se mantuvo.

El mismo error de los persas en 513 a.C. que repitieron los franceses en 1812 y los alemanes en 1941

Darío dejó a parte de sus tropas en Europa bajo el mando de Megabazo para pacificar Tracia y asegurar la retirada. Nunca volvió a intentar someter a los escitas, aunque sus inscripciones en Naqsh‑e Rostam los mencionan como “escitas al otro lado del mar”.

Conclusión

El fracaso persa se debió a subestimar la táctica de tierra quemada y el rigor del invierno, lecciones que se repetirían siglos después en la invasión napoleónica de 1812 y la Operación Barbarroja de 1941.