Historia antigua

El clímax de la Batalla del Atlántico

Introducción

En marzo de 1943 la Batalla del Atlántico aún no había alcanzado su punto máximo, pero ya se percibía que en los próximos meses uno de los bandos tendría que retroceder. El almirante Dönitz jugaba sus últimas cartas con una flota de 240 submarinos, de los cuales 112 estaban concentrados en el Atlántico Norte.

Nuevas fuerzas aliadas

Los portaaviones que habían participado en la Operación Torch regresaron al Atlántico acompañados de grupos de protección. Además, el presidente Roosevelt puso a disposición la versión mejorada del avión Consolidated Liberator, cuyo alcance permitía patrullar amplias zonas del océano. A finales de marzo unos veinte Liberators operaban en el Atlántico Norte y, a mediados de abril, el número subió a 41.

El radar de onda corta

Los científicos aliados introdujeron un radar de onda corta capaz de detectar objetos mucho más pequeños que los radares tradicionales. Los buques escolta alemanes no podían contrarrestarlo. A finales de 1942 y principios de 1943, la mayoría de los buques de escolta aliados estaban equipados con este radar, y pronto también se instaló en aviones, aunque la RAF tardó en implementarlo en la defensa costera.

La gran convoys de mayo

En mayo se libró una de las batallas de convoyes más importantes. Una tormenta al sur de Groenlandia dispersó a un convoy en una zona con alta densidad de U‑Boats. Doce submarinos se agruparon alrededor del convoy, hundiendo cinco buques durante la noche y cuatro al día siguiente. La corbeta Pink logró abatir al U‑192.

Dos grupos de protección enviados desde Saint John (Nueva Escocia) llegaron esa misma noche. Por primera vez los U‑Boats se enfrentaron a la combinación de radar, sonar (ASDIC) y armas antisorbo como el “hedgehog”. El HMS Loosestrife hundió al U‑638, el destructor Vidette al U‑125, el Oribi al U‑531, y el buque de patrulla Pelican al U‑438. Aviones aliados eliminaron al U‑710 y al U‑630, mientras que los U‑659 y U‑439 colisionaron entre sí y se hundieron.

Consecuencias inmediatas

Los resultados fueron devastadores para los submarinos alemanes. En los convoyes posteriores, los Aliados perdieron sólo tres buques mientras hundían tres U‑Boats; otro convoy perdió dos barcos pero se hundieron dos submarinos más; y los convoyes lentos y rápidos que siguieron llegaron sin bajas, dejando en el fondo del Atlántico a U‑954, U‑258, U‑209, U‑273, U‑381 y U‑752.

Estadísticas de abril a julio

En abril, cuando el nuevo sistema de escolta apenas empezaba, los U‑Boats hundieron 245.000 toneladas y perdieron 15 submarinos. En mayo, 165.000 toneladas contra 40 U‑Boats. En junio, solo 18.000 toneladas y 17 submarinos; y en julio, 123.000 toneladas frente a 37 U‑Boats.

La defensa costera, usando el nuevo radar, cargas de profundidad de detonación superficial y focos especiales, hundió 13 submarinos más en abril y mayo, aprovechando un error táctico de Dönitz que había enviado a sus buques a la superficie para enfrentarse a los aviones.

Impacto en la moral alemana

Ante esas pérdidas, la moral de la Kriegsmarine se desplomó. En apenas cinco semanas los submarinos, en su apogeo, fueron obligados a refugiarse en aguas menos peligrosas. Durante casi tres meses después de las batallas decisivas de mayo, el Atlántico quedó prácticamente libre de U‑Boats. Cuando volvieron, lo hicieron en número reducido y sin la agresividad de antes.