La antigua Atenas destacó en el mundo mediterráneo no solo por su cultura y democracia, sino también por la gran cantidad de festividades que celebraba. A finales del siglo V a.C. la ciudad contaba con alrededor de 120 festivos al año, es decir, un evento cada tres días.
El festival panatenaico
El más importante de todos era la Panatenaia, una celebración religiosa, artística y deportiva en honor a la diosa patrona de la ciudad, Atenea. Se desarrollaba durante dos días (y cada cuatro años se extendía a cuatro) en el Hecatombeón, a finales de julio y principios de agosto.
Entre sus actos principales estaban la famosa procesión del peplo recién tejido desde la Cerámica hasta la Acrópolis y los sacrificios en el altar frente al Partenón. También había competiciones deportivas y, curiosamente, un concurso de belleza masculina llamado evandria.
La lampadedromía o lampadeforia
Dentro del programa deportivo se encontraba la lampadedromía (también conocida como lampadeforia), una singular carrera de relevos con antorchas reservada exclusivamente a los ciudadanos áticos. Se celebraba, además, en otras fiestas vinculadas a deidades del fuego, como los Prometeas y los Hefestias.
Participaban las diez tribus áticas creadas por las reformas de Clístenes, aunque en cada carrera sólo competían cinco tribus. Cada tribu designaba a un gymnasiarch, quien debía reclutar y entrenar a 40 corredores a su cargo.
Desarrollo de la carrera
Las antorchas se encendían en el altar de Prometeo de la Academia, situada a una milla de la ciudad. Desde allí el relevo comenzaba en el cementerio de la Cerámica, donde un torreón lanzaba la primera antorcha como señal, según relata Aristófanes.
Los corredores recorrían unos 25 metros antes de pasar la antorcha al siguiente atleta. El trayecto atravesaba la puerta del Dipylon, cruzaba el Pompeion y la Agora por la ruta panatenaica, y finalizaba en la Acrópolis. En total la distancia rondaba los seis furlongs, poco más de un kilómetro.
Premiación
Ganaba la tribu cuyo corredor cruzara la meta con la antorcha encendida. La victoria era colectiva, al estilo de los relevos modernos. Los vencedores recibían aceite de los olivares sagrados de Atenea en ánforas panatenaicas decoradas con la imagen de Atenea Prómachos y una representación de la lampadedromía. Además, el gymnasiarch honraba al tribuno responsable del entrenamiento con una corona o un monumento.
Legado y evolución
Algunos historiadores sugieren que Carl Diem se inspiró en estas carreras al crear el relevo de la llama olímpica en los Juegos de Berlín 1936. Desde entonces, la ceremonia de encendido de la antorcha se ha repetido en todos los Juegos Olímpicos.
Con el paso del tiempo la lampadedromía cambió: en la época de Platón ya se corrían a caballo, y en la era romana desapareció el relevo, convirtiéndose en una prueba individual. También existieron versiones femeninas y para niños.
Más allá de Atenas, la tradición se extendió a otras ciudades griegas y a la Magna Grecia (sur de Italia y Sicilia), pero nunca fue adoptada por los romanos. En la actualidad la ciudad de Nápoles ha revivido la costumbre con una media maratón de relevo de antorchas que se celebra a finales de junio.