Durante el reinado de Isabel I (1558‑1603) la mayor parte de la población vivía en condiciones modestas y a menudo precarias. A continuación se describen los aspectos más relevantes de la vida cotidiana.
Vivienda
La mayoría de los hogares eran pequeños y estaban muy concurridos. Una casa típica contaba con dos o tres habitaciones y albergaba a una familia de cinco o seis personas. La habitación principal servía como cocina, comedor y dormitorio, mientras que las demás se destinaban a dormir.
Las construcciones se levantaban en madera o piedra y solían tener techo de paja. Las ventanas eran escasas, pequeñas y con persianas, lo que provocaba interiores oscuros y mal ventilados.
Mobiliario
El mobiliario era escaso. Los elementos más comunes eran una mesa, algunas sillas y una cama de madera con colchón de paja. En muchos casos, la gente dormía directamente sobre esteras de paja en el suelo.
Alimentación
La dieta cotidiana era sencilla y monótona. El pan, elaborado con trigo, cebada o centeno, constituía el alimento básico, complementado con queso, huevos y verduras de temporada. La carne era un lujo raro; cuando se consumía, generalmente estaba salada o ahumada para su conservación.
Vestimenta
La ropa era funcional. La mayoría vestía túnicas o camisetas de lana o lino. Los sectores acomodados podían permitirse prendas más elaboradas de seda o terciopelo, a menudo adornadas con bordados.
Sanidad
Las condiciones sanitarias eran muy deficientes. No existían sistemas de alcantarillado; los desechos se arrojaban a la calle, lo que favorecía la propagación de enfermedades como la cólera y la fiebre tifoidea.
Esperanza de vida
La expectativa de vida era corta; la mayoría de la población moría alrededor de los treinta años, debido a enfermedades, malas condiciones de higiene y la falta de atención médica.