Alanya y el escenario de la campaña
Alanya, ciudad de la provincia turca de Antalya, combina patrimonio arqueológico, paisajes naturales y clima mediterráneo, lo que la ha convertido en un importante destino turístico y motor económico. Sin embargo, su fama entre los aficionados a la historia se debe a que allí fue donde el famoso Pompeyo puso fin a la temible piratería cilicia que había llegado a las costas romanas. La batalla decisiva se libró en el antiguo lugar llamado Coracesio.
La piratería en la costa de Cilicia
La región costera de Anatolia, conocida como Cilicia, fue una satrapía persa que pasó a manos de los diádocos, primero a los lagidas (dinastía de Ptolomeo) y después a los seléucidas (dinastía de Seleuco). Los primeros construyeron fortificaciones que convirtieron sus puertos en refugios seguros para piratas; los seléucidas ampliaron y perfeccionaron esas defensas, aprovechando los acantilados y la escasez de núcleos habitados.
Así, la Tráquea Cilicia, situada entre el mar y los montes Tauro, se transformó en el refugio por excelencia de la Mare Nostrum. Las incursiones piratas alcanzaron la península itálica, mientras Roma, confiada en su supuesta seguridad, descuidaba la protección marítima. Aun así, el pretur de Cilicia, Marco Antonio Orador, había intentado combatir a los piratas en el 103 a.C., y Quintus Cecilio Metelo Cretico completó la campaña en el 68 a.C., pero sólo contra los piratas cretenses, no contra los de Cilicia.
Renovación de la amenaza pirata
Los piratas cilicios, aprovechando la falta de vigilancia romana y los recientes conflictos civiles, reorganizaron sus operaciones y se volvieron aún más audaces, según Cassio Dión. Su aparición en la desembocadura del Tíber provocó alarma en una población ya inquieta por el alza del precio del pan, consecuencia de la escasez de granos provocada por los ataques a las naves mercantes.
El peligro era múltiple: militar, económico y social. La humillación de Roma quedó reflejada en los escritos de Plutarco, y la presión aumentó cuando los mercados de esclavos, como el de Delos, vieron caer sus precios debido a la captura masiva de romanos.
La Lex Gabinia y el poder de Pompeyo
En el 67 a.C., el tribuno de la plebe Aulo Gabinio propuso la Lex Gabinia, que concedía a un promagistrado un imperium proconsular por tres años, con autoridad sobre todo el Mediterráneo desde los pilares de Hércules hasta el Mar Negro, y hasta cincuenta millas tierra adentro. El mandato incluía la designación de quince legados de rango pretur y la dotación de doscientos barcos, financiados con 144 millones de sestercios.
El único senador que apoyó la propuesta fue Julio César, quien había sido secuestrado por piratas cilicios y pagado rescate. Gabinio presentó la iniciativa directamente al pueblo en el Foro, sabiendo que los ciudadanos aclamaban a su pariente, Cneo Pompeyo Magno, bajo cuyas órdenes había servido en la Tercera Guerra Mitridática.
La campaña contra los piratas
Pompeyo aceptó el imperium y reunió un ejército de aproximadamente 120.000 infantes y 5.000 caballería (cerca de treinta legiones), nombró veinticuatro legados y dos cuestores, y embarcó a sus tropas en casi quinientos navíos. En apenas cuarenta días limpió el mar Tirreno y el mar Libio de piratas.
Desde Brindisi, dejó a sus hijos Sexto y Cneo al mando del Adriático y se dirigió a Atenas para planificar la estrategia. Dividió el Mediterráneo en trece zonas, cada una bajo el mando de un legado con su escuadrilla, manteniendo doscientos barcos bajo su propio control.
El plan, que combinó la fuerza militar con la oferta de clemencia, funcionó. Los piratas, acostumbrados a la impunidad, fueron superados en número y derrotados o forzados a huir. Sin puertos seguros, se refugiaron en Coracesio, donde Pompeyo los enfrentó en una batalla naval decisiva que, pese a la inferioridad numérica romana, resultó en una victoria rotunda.
Según Plutarco, la guerra duró menos de tres meses y Pompeyo mató a diez mil piratas, ocupó ciento veinte fortalezas, capturó 846 barcos y tomó veinte mil prisioneros. La historiografía moderna considera esas cifras exageradas, pero reflejan el impacto de la victoria.
En lugar de ejecutar a todos los cautivos, Pompeyo optó por una política de reubicación controlada en Asia y la región griega de Acaya, evitando el riesgo de una nueva rebelión.
Consecuencias y legado
Con la derrota de los piratas, el mar Mediterráneo quedó, al menos temporalmente, libre de amenazas. Sin embargo, la República aún enfrentaba la Tercera Guerra Mitridática (74‑63 a.C.), en la que Mithridates VI de Ponto volvió a aliarse con piratas. Pompeyo volvería a desempeñar un papel crucial, esta vez bajo la Lex Manilia, propuesta por el tribuno Gayo Manilio, pero esa es otra historia.