Historia antigua

Catalina Sforza, la leona del Renacimiento

Catalina Sforza, la leona del Renacimiento

La Dama de los Jazmines (1485‑1490) es el retrato de Catalina Sforza (1463‑1509), duquesa de Milán, pintado por Lorenzo di Credi. Museo San Domenico, Pinacoteca Civica, Forlì. • WIKIMEDIACOMMONS

Introducción

En 1499, una mujer se alzaba en las murallas de la fortaleza de Ravaldino, en Forlì, a 300 km al norte de Roma. Con sus hijos como rehenes, los soldados enemigos amenazaban con matarlos si ella se rendía. Pero Catalina, en vez de temer, alzó su voz y, según la leyenda, mostró su determinación diciendo: «Mátalos si queréis, tengo lo que hacen los demás! No obtendréis mi rendición». Ese episodio, aunque bordado de mito, encaja con la personalidad indómita de la protagonista.

Catalina Sforza es una de las figuras femeninas más singulares del Renacimiento italiano. No sólo convivió con los mayores genios del arte y la cultura de su época, sino que también rompió con todas las convenciones, se interesó por la alquimia y no dudó en liderar a sus tropas contra enemigos tan poderosos como los Borgia.

Orígenes y primeros años

Nacida en 1463 en Milán, fue hija ilegítima de Galéas Maria Sforza y su amante Lucrezia Landriani. Por tanto, era sobrina del poderoso duque Ludovico Sforza, "el Moro". A los diez años se casó con Girolamo Riario, sobrino del Papa Sixto IV, veinte años mayor que ella. Aunque Riario gobernaba Imola y Forlì, la pareja se trasladó a Roma para buscar fortuna en la corte papal. Catalina dio a luz a cinco hijos y rápidamente se convirtió en una diplomática entre las cortes de Roma y Milán, ganándose un enorme prestigio.

En la trampa romana

La muerte de Sixto IV en 1484 puso en jaque todo lo que la familia había conseguido. La elección del nuevo pontífice reavivó los conflictos entre las familias más poderosas de Italia. Catalina, embarazada de siete meses, cruzó el Tíber a caballo y tomó el mando de la guarnición del Castel Sant'Angelo, obligando a los cardenales enemigos a abstenerse de participar en el cónclave por miedo a su artillería. Finalmente, Girolamo aceptó abandonar Roma a cambio de que sus dominios de Imola y Forlì fueran confirmados, que se le nombrara capitán general de las tropas vaticanas y que recibiera una indemnización de 8.000 ducados.

La muerte de su marido en 1488, asesinado por partidarios del nuevo papa, dejó a Catalina como regente en nombre de su hijo menor, Ottaviano. Redujo impuestos, selló alianzas matrimoniales y tomó el control del entrenamiento militar de sus tropas.

Pasiones y matrimonios

Poco después de quedar viuda, Catalina contrajo en secreto matrimonio con Giacomo Feo, con quien tuvo un hijo, Bernardino Carlo. La pasión por Feo la llevó a desplazar a Ottaviano del gobierno y a confiar el mando a su nuevo esposo. Los partidarios de Ottaviano no se rindieron y Feo fue asesinado por conspiradores; Catalina, a su vez, ejecutó a las familias y seguidores de los asesinos.

En 1497, con el permiso de su tío Ludovico Sforza, se casó por tercera vez con Giovanni de' Medici, conocido como Juan de los Bandas Negras. El matrimonio fue breve: un año después de su nacimiento, el hijo Juan falleció de neumonía, y poco después el papa Alejandro VI incorporó Imola y Forlì a los Estados Pontificios, algo que la indomable Catalina se negó a aceptar.

El odio a los Borgia

Ante la amenaza de César Borgia, duque de Valentinois, Catalina reforzó sus tropas, mejoró el armamento y acumuló provisiones. Sin embargo, Borgia sitió la fortaleza de Ravaldino el 19 de diciembre de 1499 con más de mil soldados. Catalina dirigió la resistencia, rechazó repetidamente las ofertas de paz y, según la leyenda, prefirió arriesgar la vida de sus hijos antes que rendirse. El 12 de enero de 1500 la fortaleza cayó, Catalina fue capturada y, pese a buscar protección bajo el rey Luis XII de Francia, Borgia la mantuvo prisionera y, según rumores, la tomó como amante.

El papa Alejandro VI la envió bajo arresto domiciliario al Palacio del Belvedere, cerca de Roma, pero la duquesa no perdió su espíritu rebelde. Intentó escapar, fue descubierta, acusada de conspirar contra el pontífice mediante cartas envenenadas y, finalmente, encerrada de nuevo en el Castel Sant'Angelo, la misma fortaleza que había defendido con tanto arrojo.

De la guerra a la alquimia

El 30 de junio de 1501, gracias a la intervención de Luis XII, Catalina fue liberada. Se retiró a Florencia, a la villa que pertenecía a su tercer marido. Tras la muerte de Alejandro VI intentó recuperar sus feudos, pero Imola y Forlì pasaron a manos del noble Vaticano Antonio Maria Ordelaffi. En sus últimos años, dejó de lado la política y se dedicó al estudio de la alquimia junto a sus hijos.

En mayo de 1509 falleció de neumonía a los 46 años. Fue enterrada de forma anónima en el convento de Santa María delle Murate, según su testamento. Sin embargo, su sobrino Cosimo I, gran duque de Toscana, mandó colocar una lápida de mármol blanco con su nombre, la cual fue destruida en 1835 durante la remodelación del convento.

Cronología

1463 – Nace en Milán.
1484 – Defiende los intereses de su esposo Girolamo Riario en Roma.
1488 – Asesinan a Girolamo; se casa con Giacomo Feo.
1497‑1499 – Se casa con Giovanni de' Medici; en 1499 es sitiada por César Borgia.
1500‑1509 – Prisión en Roma, retiro a Florencia y fallecimiento.

Secretos de belleza de Catalina

Solo se conserva un retrato de Catalina, una pintura al óleo de Lorenzo di Credi (c. 1485) conocida como La Dama de los Jazmines. En el libro atribuido a ella, Experimenti della excellentissima signora Caterina di Forlì, aparecen más de 400 recetas de cuidado de la piel, el cabello y la belleza, además de observaciones sobre botánica, astrología y alquimia.

Como madre, como hijo

Su hijo Giovanni, conocido como «Juan de las Bandas Negras», fue un famoso líder militar. Adoptó una bandera con franjas negras como signo de luto tras la muerte del papa León X, su protector.

Almas gemelas

«Si debo morir, que sea como un hombre», proclamó Catalina cuando César Borgia sitió Ravaldino. Dirigió a mil hombres y rechazó la oferta del hijo del papa de 10.000 ducados por su captura. La leyenda cuenta que, la noche de su captura, Catalina y César se convirtieron en amantes, reconociendo en el otro la misma ambición y temperamento.