Poción de San Pablo para gases intestinales, memoria o problemas estomacales
Esta mezcla, atribuida a San Pablo, combinaba regaliz, salvia, sauce, rosas, hinojo, canela, jengibre, clavo, sangre de cormorán, mandrágora, sangre de dragón y tres tipos de pimienta. El regaliz alivia la bronquitis y la tos; la salvia se consideraba útil para la memoria y la circulación cerebral; el sauce aporta ácido salicílico, precursor de la aspirina, con acción antiinflamatoria. El hinojo, la canela y el jengibre son carminativos, es decir, reducen los gases y los cólicos estomacales.
La sangre de cormorán se empleaba como fuente de hierro para anemias; la mandrágora, aunque venenosa, en dosis diminutas se usaba como sedante para el insomnio. La llamada "sangre de dragón" no era sangre real, sino la resina del árbol del dragón (Dracaena draco), conocida por sus propiedades antisépticas, antibacterianas, antivirales y cicatrizantes, y también se utilizaba contra la disentería.
Remedio para la ciática
Algunos manuscritos medievales describen una pomada que combinaba hierbas locales, grasa animal y calor. En la práctica, el reposo en cama y la aplicación de calor sobre la zona dolorida eran los principales tratamientos, mientras que los ingredientes aportaban alivio antiinflamatorio y analgésico.
Curación de quemaduras y rasguños
Se utilizaba una pomada a base de baba de caracol. Estudios modernos han demostrado que la baba de caracol contiene antioxidantes, propiedades antisepticas, anestésicas, antiirritantes, antiinflamatorias y actividad antibacteriana y antiviral, similar al colágeno. Hoy en día se comercializa para cortes, quemaduras y abrasiones.
Remedio contra orzuelos
Según el "Bald’s Leechbook", un manuscrito anglosajón del siglo X, la cura consistía en mezclar cebolla, ajo y vesícula de toro, macerarlos en vino y dejar reposar nueve días en un recipiente de bronce. El ácido acético del vino reacciona con el cobre del recipiente formando sales de cobre bactericidas. Estudios de la Universidad de Nottingham confirmaron su eficacia antibacteriana.
Remedio para la conjuntivitis (lagrimeo)
Otra receta medieval, hoy considerada poco higiénica, incluía una infusión de hierbas amargas y polvo de metales. Aunque la fórmula original es repulsiva, su objetivo era estimular la irritación ocular para expulsar la secreción infectada.
Curación de migrañas
La fórmula maestra combinaba betónica, verbena y otras hierbas. La betónica (Stachys officinalis) contenía alcaloides que, según la medicina moderna, pueden aliviar cefaleas intensas. Los glucósidos de la verbena (Verbena officinalis) también se emplean hoy en tratamientos contra migrañas, depresión y ansiedad.
En caso de infección faríngea grave
Un remedio extremo prescribía sacrificar un gato gordo, eviscerarlo y desollarlo. La grasa del gato se mezclaba con grasa de erizo y de oso, resinas, fenogreco, salvia, goma de madreselva y cera virgen. Todo se trituraba, se cocía como un asado y se recogía la grasa resultante, que luego se aplicaba sobre el paciente para aliviar la infección.
Remedio para la tos
Se preparaba un jarabe mezclando jugo de toronjil (horehound) con diapenidión, una electuaria que combina agua de cebada, azúcar, clara de huevo y miel. El toronjil, de la familia de la menta, es conocido por sus efectos expectorantes y calmantes sobre la tos.
Poción infalible para el estómago
Para prevenir los gases que provocan cólicos, se mezclaban partes iguales de comino y anís, se maceraban en vino y se cubría con más vino. La mezcla reposaba tres días y noches, luego se secaba sobre una bandeja de ceniza durante nueve días. Posteriormente se pulverizaba y se añadía a caldos o guisos. Tanto el comino como el anís son carminativos validados por la ciencia contemporánea.