Contexto histórico
En la segunda mitad del siglo VIII, bajo la dinastía Tang, China vivía su época de esplendor: expansión territorial, introducción de arqueros a caballo, adopción oficial del budismo y florecimiento de la literatura y las artes. Sin embargo, a mediados del siglo, la dinastía comenzó a declinar militar y económicamente.
El descontento de los caudillos locales favoreció el levantamiento de An Lushan, de origen sogdiano y turco, quien se proclamó emperador en 756 y fundó la dinastía Yan al conquistar la capital oriental, Chang’an. En enero de 757 fue asesinado por su propio hijo An Qingxu, quien continuó la rebelión.
El asedio de Suiyang
El nuevo rebelde, An Qingxu, ordenó al general Yin Ziqi sitiar la ciudad de Suiyang, clave para controlar la región al sur del río Yangtsé. El ejército Yan reunía alrededor de 130 000 soldados, combinando las fuerzas de Ziqi y del otro rebelde Yang Chaozong.
El gobernador de la ciudad, Xu Yuan, solicitó ayuda al famoso general Zhang Xun, conocido por su defensa en la batalla de Yongqiu. Xun logró reunir sólo siete mil hombres, pero se encargó de la defensa mientras Yuan dirigía la logística.
Tácticas de defensa
Zhang Xun empleó ingeniosas estrategias, como golpear tambores durante la noche para simular ataques y obligar a los asediadores a permanecer en guardia constante, privándolos de sueño. En una ocasión, disparó a arbustos en lugar de flechas para confundir al enemigo; los rebeldes, al ver los proyectiles inofensivos, revelaron su posición y fueron alcanzados, dejando a Yin Ziqi herido en el ojo.
Tras perder veinte mil hombres en dos semanas, el ejército Yan se retiró temporalmente, pero regresó dos meses después con refuerzos.
Hambruna extrema
Xu Yuan pidió suministros a las provincias vecinas, pero los gobernadores se mostraron reacios: algunos simpatizaban con los rebeldes, otros temían represalias, y algunos desconfiaban de Zhang Xun. Cuando el verano llegó, la escasez fue tal que la ración diaria se redujo a una pequeña taza de arroz mezclado con hojas de té, corteza y papel, complementada con hierbas, raíces y animales menores (caballos, aves, ratas e incluso insectos).
El recurso desesperado
Los emisarios enviados para solicitar ayuda militar y alimentaria tuvieron poco éxito. El oficial Nan Jiyun logró llegar a Linhuai; el gobernador le ofreció una cena, a la que Jiyun respondió cortándose (o mordiéndose) un dedo como muestra de la gravedad de la misión. Conmovido, el gobernador le permitió pasar tres mil guerreros, pero sólo un tercio logró atravesar el cerco.
Estos refuerzos aumentaron el número de bocas que alimentar, agravando la escasez.
Canibalismo
Ante la falta absoluta de alimentos, los crónicas tang describen la práctica del canibalismo: “Los habitantes entregaron a sus hijos para ser consumidos; Zhang Xun sacrificó a su concubina y a sus sirvientes, obligando a los soldados a comer su carne”. Se estima que entre veinte y treinta mil personas fueron devoradas, aunque parte de esa cifra corresponde a muertos en combate o por enfermedad.
Curiosamente, la población aceptó este “mal necesario” sin levantar rebelión ni intentar rendirse.
Caída de Suiyang y consecuencias
En octubre de 757 la ciudad cayó; sólo quedaban unos cuatrocientos defensores, exhaustos. Yin Ziqi, admirado por el valor de Xu Yuan y Zhang Xun, intentó persuadirlos para que se unieran a su causa, pero al ser rechazados los ejecutó junto a sus oficiales.
La victoria permitió a los rebeldes controlar el sur de China durante dos años, pero la heroica resistencia de Suiyang compró tiempo al emperador Suzong, quien reunió un ejército suficiente para derrotar definitivamente la rebelión Yan en 763.