Historia antigua

Wolfskinder: niños alemanes huérfanos en territorio soviético después de la Segunda Guerra Mundial

El testimonio de Evelyne Tannehill

Abandoned and forgotten. An orphan girl's tale of survival in World War II es el título del libro autobiográfico de Evelyne Tannehill, en el que narra cómo su familia fue separada durante la Segunda Guerra Mundial cuando tropas rusas los expulsaron de la granja que habitaban en la costa báltica de la Prusia Oriental, y la odisea que vivió hasta 1991, cuando la caída de la URSS le permitió regresar.

¿Qué significa “wolfskinder”?

El término wolfskinder (niños lobo) no tiene relación con películas de terror ni con la leyenda de Rómulo y Remo. Designa a los niños de familias alemanas que quedaron huérfanos y tuvieron que sobrevivir por sí mismos en zonas donde el idioma alemán estaba prohibido.

Una comunidad olvidada

Los wolfskinder no fueron casos aislados; se estima que fueron alrededor de cien, aunque el número disminuye porque ya son personas de edad avanzada. En Lituania, país que alberga al mayor número de ellos, existe la asociación Edelweiß‑Wolfskinder con sedes en Vilna y Klaipėda, que trabaja para preservar su historia y averiguar el destino de sus familiares.

Wolfskinder: niños alemanes huérfanos en territorio soviético después de la Segunda Guerra Mundial

Petición de ciudadanía alemana

Desde los años noventa, los supervivientes reclaman la concesión de la nacionalidad alemana y ayudas para reasentarse en la patria de sus antepasados. El gobierno alemán, sin embargo, mantiene que quienes abandonaron la Prusia Oriental después de 1945 renunciaron de facto a la ciudadanía alemana. En 2008 el gobierno lituano les otorgó una compensación, y reciben donaciones coordinadas por Wolfgang von Stetten, diputado del CDU que ha defendido la independencia de los países bálticos y su integración en la UE y la OTAN.

El caos al final de la guerra

En 1944‑45 la Prusia Oriental, dividida por el Tratado de Versalles, se vio asediada por el avance imparable del Ejército Rojo. Las autoridades alemanas prohibieron la evacuación, lo que obligó a millones a huir en medio del terror y la desesperación.

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El refugio lituano

Muchos niños quedaron huérfanos; algunos fueron víctimas de la criminalidad, pero una parte logró sobrevivir. La mayoría encontró refugio en Lituania, donde campesinos locales les ofrecieron alimento, alojamiento y, en algunos casos, adopción. Los niños fueron bautizados como vokietukai (pequeños alemanes), aunque el término que perduró es wolfskinder.

Quienes no encontraron una familia de acogida tuvieron que subsistir en bosques y estaciones de tren, mendigando o robando, sobre todo en los alrededores de Königsberg (hoy Kaliningrado).

Obstáculos soviéticos

En 1946 la autoridad soviética prohibió los procesos de adopción, obligando a cambiar los nombres alemanes de los niños y dificultando su identificación. Las estimaciones sitúan a unos 5 000 niños y jóvenes alemanes en Lituania alrededor de 1948, aunque no existen estadísticas fiables.

Los niños fueron internados en orfanatos militares o en aldeas infantiles creadas especialmente, como la de Pinnow (fundada en 1948). También se autorizó la adopción por familias rusas, pero los archivos al respecto aún no se han abierto al público.

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Los traslados al occidente

Tras la Conferencia de Potsdam, el norte de la Prusia Oriental pasó a la Unión Soviética y la zona alrededor de Königsberg fue des‑alemaneizada. Entre 1947 y los años siguientes, unos 100 000 alemanes, incluidos 4 000 menores, fueron enviados en trenes de condiciones infrahumanas a la zona de ocupación soviética en Alemania, que luego se convertiría en la RDA.

El silencio oficial hacía creer que no quedaban alemanes en la región; sin embargo, algunos wolfskinder lograron cruzar a la RFA, donde permanecieron en centros de detención hasta la Ley Federal de Refugiados de 1953, que les permitió emigrar e integrarse.

Reapertura histórica y legado

Con la glasnost de Gorbachov, en 1991 se dio a conocer este episodio y la Cruz Roja empezó a ayudar a los supervivientes a localizar a sus familiares. Se identificó el destino de alrededor de doscientos mil alemanes desaparecidos: algunos fallecieron, otros fueron prisioneros de guerra y muchos se dispersaron para sobrevivir.

En memoria de los wolfskinder y de los lituanos que les auxiliaron, se erigió un monumento cerca de Sovetsk, la antigua Tilsit.