Los movimientos religiosos que culminaron en la gran reforma del siglo XVI tienen sus raíces en la Edad Media, con teólogos como John Wycliffe y Jan Hus. Aunque fueron reprimidos, sus ideas reformistas sobrevivieron en Inglaterra y Bohemia (actual República Checa), lejos de los focos que desencadenaron la revuelta en Alemania.
Contexto de la Iglesia en la Baja Edad Media
En los primeros años del siglo XV la Iglesia atravesaba una crisis: la venta de cargos eclesiásticos y de indulgencias, junto al debilitamiento de la autoridad papal frente al creciente poder de los monarcas europeos, creaba un caldo de cultivo propicio para la reforma.
El surgimiento de un fuerte sentimiento nacionalista en varios países, unido a la impopular figura del Papa, fue aprovechado por príncipes y monarcas que buscaban ampliar sus poderes, relegando a la Iglesia a una posición de subordinación.
Intereses materiales y nuevas clases sociales
Los grandes patrimonios eclesiásticos —que constituían un tercio del territorio de Alemania y una quinta parte del de Francia— despertaron la ambición de reyes y nobles, deseosos de apropiarse de esas tierras exentas de impuestos.
En Italia emergió una nueva clase social compuesta por poderosos banqueros y comerciantes, cuya relación con la religión era distinta a la de Alemania, donde la fe mantenía un significado más profundo.
Humanismo, imprenta y difusión de la Biblia
El espíritu crítico del humanismo y la invención de la imprenta por Gutenberg facilitaron la difusión masiva de obras escritas, incluida la Biblia. Las traducciones a lenguas vernáculas permitieron que cristianos y no cristianos accedieran directamente a los textos sagrados, sin mediación clerical.
Martín Lutero y el inicio de la reforma
El punto de partida fue el ataque de Martín Lutero en 1517 contra la venta de indulgencias. Lutero, monje agustino nacido en Eisleben (1483), estudió en Erfurt y se convirtió en profesor de teología en la Universidad de Wittenberg.
Influido por Jan Hus y por la idea de una fe cristiana basada en la simplicidad de los apóstoles, Lutero defendió la doctrina de la justificación por la fe. Redactó las famosas 95 tesis, que denunciaban la compra de indulgencias. Algunas de ellas fueron:
- Tesis 21: “Quien predica indulgencias y asegura que el papado liberará al pecador de todo castigo está equivocado.”
- Tesis 36: “Todo cristiano que se arrepiente sinceramente recibe el perdón total, aun sin una carta de indulgencia.”
- Tesis 43: “Es mejor ayudar a los pobres o prestar a los necesitados que comprar indulgencias.”
Estas ideas fueron consideradas una afrenta a la Iglesia Católica. En 1521 Lutero fue declarado hereje y excomulgado, refugiándose en Sajonia. Su intención no era dividir al cristianismo, pero la traducción de la Biblia al alemán multiplicó seguidores y redujo la autoridad eclesiástica.
Consecuencias políticas y sociales
Los ideales reformistas de Lutero desencadenaron revueltas que adquirieron dimensiones políticas y socioeconómicas. Los príncipes se apropian de tierras eclesiásticas y, en 1524, los campesinos se rebelan contra la explotación de la Iglesia y la nobleza. Lutero, protegido por los príncipes, condenó la revuelta campesina y apoyó la ejecución de su líder, Thomas Müntzer, afirmando que “no hay nada más dañino que un hombre rebelde”.
La defensa de los intereses feudales convirtió la doctrina luterana en la religión de la nobleza, que ocupaba puestos clave dentro de la recién constituida Iglesia Luterana. La reforma se extendió a Dinamarca, Suecia y Noruega, que rompieron con Roma y reorganizaron sus estructuras religiosas.