Por Rainer Sousa
Contexto y transformación social
Durante la Edad Media la prostitución estaba atrapada entre la fe y la necesidad. En el Renacimiento, sin embargo, surgieron nuevas preguntas y valores que redefinieron esta actividad. El crecimiento de las ciudades y la expansión de ferias y casas de comercio propiciaron un aumento notable del comercio sexual.
Fin de la marginación simbólica
Los símbolos de exclusión —ropa y accesorios especiales— empezaron a perder fuerza. Antes, esas marcas se imponían únicamente a mujeres condenadas por adulterio, licenciosidad o prostitución. Con el tiempo, la profesión cobró mayor valor social y económico.
Las cortesanas, un fenómeno distinto
Las cortesanas más famosas no trabajaban en burdeles. Vivían en entornos privados y elegían a sus clientes, generalmente amantes adinerados, lo que les permitía amasar fortunas. Solo podían acceder a este círculo las mujeres que eran higiénicas, atractivas, bien vestidas, multilingües, sabían tocar instrumentos y recitar poesía.
Prostitución popular y diferencias confesionales
Aunque los burdeles seguían existiendo, la distinción entre cortesanas y prostitutas populares se hizo evidente. En los países católicos la prostitución gozó de mayor tolerancia, convirtiéndose en entretenimiento para la aristocracia. En los territorios protestantes la persecución fue más dura: se marcaban los cuerpos con hierro caliente, se los golpeaba públicamente o se les cortaba el cabello.
Regulación municipal y fiscalidad
En las ciudades mercantiles más activas se adoptaron leyes para regular la actividad. Algunas administraciones locales establecieron pensiones para sus trabajadoras sexuales o gestionaron los burdeles como espacios públicos, destinando parte de los ingresos a impuestos municipales.