En la década de 1980, los países bajo la influencia de la URSS y el régimen comunista comenzaron a protestar exigiendo mejores condiciones de vida, el fin del control soviético y la ampliación de las libertades.
Polonia fue la primera en desencadenar esta ola. En 1980, los trabajadores organizaron un movimiento masivo contra la política económica del gobierno, fundando Solidaridad, el primer sindicato independiente. Aunque el régimen comunista reprimió las iniciativas democráticas, no tuvo más remedio que ceder.
Impulsado por la Iglesia católica y la perestroika, el gobierno polaco empezó a relajar el autoritarismo, liberando a presos políticos. En 1990 se celebraron elecciones generales en las que Lech Wałęsa fue elegido presidente, consolidando la democratización del país.
Democratización en el resto de Europa del Este
Simultáneamente, otras naciones de Europa del Este —Hungría, Bulgaria y Rumanía— iniciaron procesos similares: los partidos comunistas fueron desplazados y se convocaron elecciones libres.
Desintegración y nuevas fronteras
En 1993 se produjeron importantes reconfiguraciones territoriales. Checoslovaquia se dividió pacíficamente en la República Checa y Eslovaquia, mientras que Yugoslavia se fragmentó en Eslovenia, Croacia, Bosnia‑Herzegovina, Macedonia, Serbia y Montenegro.