Antecedentes
En 1908 el Imperio austrohúngaro tomó la decisión de anexar a su territorio las provincias otomanas de Bosnia y Herzegovina, una zona que también despertaba el interés de Serbia y Rusia.
Reacciones internacionales
Alemania respaldó públicamente a Austria, mientras que Rusia, todavía debilitada tras la guerra ruso‑japonesa, buscó reforzar su alianza con Francia y alentó a Serbia, Bulgaria, Grecia y Montenegro a vengar los abusos otomanos contra los eslavos macedonios. Se planteó una posible invasión que, tras la derrota turca, habría concedido Albania a Serbia.
El conflicto entre Serbia y Austria
La victoria de los pequeños estados balcánicos contra el Imperio otomano sorprendió al mundo y alarmó a Austria. Cuando los vencedores no lograron acordar el reparto del territorio, Viena, temerosa de la expansión serbia, obligó diplomáticamente al reconocimiento de Albania como estado independiente. Sin salida al mar y frustrados en sus pretensiones, los serbios intensificaron su animosidad hacia los austríacos.
Nationalismo y alianzas
El nacionalismo serbio estaba ligado al paneslavismo, la idea de que todos los eslavos de Europa del Este constituían una gran familia bajo la protección de Rusia. Al mismo tiempo, surgió un sentimiento revanchista que recordaba la derrota francesa de 1870. En este clima de inseguridad, militarismo y nacionalismo exacerbado, un estudiante serbio, Gavrilo Princip, asesinó el 28 de junio de 1914 en Sarajevo al archiduque Franz Ferdinand, heredero del trono austrohúngaro.
Escalada al conflicto mundial
La respuesta austrohúngara llegó un mes después del atentado: se inició el bombardeo de Belgrado. Ese acto puso en choque las alianzas políticas ya establecidas y desencadenó los primeros enfrentamientos de la Primera Guerra Mundial.