Contexto histórico
Tras la industrialización, Francia emergió como una amenaza para Inglaterra, la mayor potencia industrial de la época. Para frenar a Napoleón, Inglaterra se alió con Austria y Rusia, países que querían detener la expansión de los ideales de la Revolución Francesa.
Confrontaciones militares
En octubre de 1805, Napoleón intentó medir fuerzas con los británicos en el mar, pero la flota francesa fue destruida en la Batalla de Trafalgar. Un mes y medio después, el ejército napoleónico venció a Austria en la Batalla de Austerlitz y, al año siguiente, derrotó a Prusia en Jena.
El Bloqueo Continental
Tras esas victorias, Napoleón decretó el Bloqueo Continental, prohibiendo a todos los países europeos comerciar con Inglaterra o recibir sus barcos en sus puertos.
En 1807, tras derrotar a Rusia en territorio polaco, obligó al zar Alejandro I a firmar el Tratado de Tilsit, comprometiendo a Rusia a respetar la bloqueo y reconocer la hegemonía francesa en Europa.
Portugal y la doble estrategia
El gobierno portugués, bajo el príncipe D. João, mantuvo una postura oficial de cumplimiento del bloqueo, pero en la práctica siguió permitiendo la entrada de productos ingleses en sus puertos.
Al descubrirse que el pequeño y empobrecido reino mantenía relaciones comerciales con Inglaterra, Napoleón ordenó su invasión. Ante la amenaza, la corte portuguesa se trasladó a Brasil.