Posesión de João Goulart
El 25 de agosto de 1961 el presidente Jânio Quadros renunció tras una gestión marcada por decisiones desastrosas y un conflicto constante con el Congreso. Según la Constitución de 1946, el vicepresidente João Goulart, del PTB, debía asumir la presidencia.
Sin embargo, los militares se opusieron a su toma de posesión, amenazando con arrestarlo. La crisis se agudizó cuando el gobernador de Rio Grande do Sul, Leonel Brizola, lideró una campaña legalista a favor de Goulart, movilizando tropas leales y formando un cuerpo civil armado. El país estuvo al borde de una guerra civil.
Para evitar el conflicto, el Congreso aprobó la adopción del parlamentarismo, que permitía a Goulart asumir el cargo, pero con poderes limitados frente al primer ministro. El 7 de septiembre de 1961 João Goulart fue investido presidente bajo este régimen.
El gobierno de Jango
El parlamentarismo duró catorce meses y se extinguió tras el plebiscito de enero de 1963, que devolvió la forma presidencialista. Durante ese periodo Goulart tuvo escasas posibilidades de impulsar reformas, pues el poder ejecutivo estaba subordinado al primer ministro.
En esos catorce meses Brasil contó con tres gabinetes diferentes, encabezados por los siguientes primeros ministros:
- Tancredo Neves (sep‑1961 – jun‑1962)
- Brochado da Rocha (jun‑1962 – sep‑1962)
- Hermes de Lima (sep‑1962 – ene‑1963)
Al asumir la presidencia, Goulart se encontró con una economía en crisis: debía pagar US$1.500 millones de deuda externa en 1962, mientras EE. UU. se negaba a flexibilizar los términos. La inflación era alta, la reforma agraria se estancaba, la producción de alimentos era insuficiente y el acceso a la educación superior estaba muy limitado.
Estados Unidos observaba con recelo al gobierno de Goulart, considerándolo demasiado izquierdista en el contexto de la Guerra Fría. Además, medidas como la Ley de Remesas de Beneficios (1962), que limitaba a las multinacionales a repatriar solo el 10 % de sus ganancias, y la política exterior independiente impulsada por Santiago Dantas, resultaron inaceptables para Washington.
Fin del parlamentarismo
El plebiscito de enero de 1963 confirmó la preferencia popular por el presidencialismo, devolviendo a Goulart plenos poderes. A partir de entonces inició su proyecto político con dos iniciativas clave: el Plan Trienal y las Reformas de Base.
El Plan Trienal, diseñado por el ministro de Planificación Celso Furtado, buscaba estimular el crecimiento económico y controlar la inflación mediante austeridad fiscal, congelación de salarios y restricciones al gasto público. El plan fracasó; a mediados de 1963 el gobierno aumentó los salarios de los funcionarios, contraviniendo sus propias premisas, y no logró el respaldo ni de la derecha ni de la izquierda.
Las Reforms de Base pretendían abrir un debate profundo sobre cambios estructurales en Brasil. Entre ellas se encontraban:
- Reforma agraria: expropiación de latifundios mayores a 500 ha sin uso productivo.
- Reforma tributaria: progresividad fiscal, con mayores aportes de los que más ganan.
- Reforma electoral: ampliación del voto a los analfabetos.
- Reforma bancaria: ampliación del crédito bancario.
- Reforma urbana: control de la especulación inmobiliaria y fomento de vivienda popular.
- Reforma educativa: aumento de plazas universitarias.
El debate más intenso se centró en la reforma agraria. El proyecto proponía expropiar tierras ociosas y entregarlas a campesinos sin tierra, con compensación en efectivo basada en el valor de mercado. Los propietarios exigían una compensación ajustada al valor de la tierra, mientras el gobierno proponía pagar mediante bonos de deuda pública a 20 años con corrección inflacionaria. La falta de acuerdo paralizó la reforma y erosionó el apoyo de Goulart en el Congreso, especialmente entre los parlamentarios del PSD, que se pasaron a la oposición liderada por la UDN.
Esta pérdida de respaldo, sumada a la crisis económica y al clima de agitación social generado por grupos tanto de izquierda como conservadores, intensificó la crisis política y preparó el terreno para que sectores empresariales, militares y el gobierno estadounidense organizaran el golpe civil‑militar de 1964.

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