Introducción
Los druidas constituyeron la élite intelectual de los pueblos celtas. Según Julio César, una de las fuentes más fiables, ellos presidían sacrificios públicos y privados, regulaban las prácticas religiosas y gozaban de gran respeto. Los jóvenes acudían en masa para aprender de ellos y eran honrados por su sabiduría.
Poder y funciones judiciales
Era el cuerpo de druidas quien resolvía casi todos los conflictos, tanto entre estados como entre individuos. En caso de crímenes, homicidios o disputas de herencia, eran ellos quienes juzgaban, fijaban compensaciones y, si alguien desobedecía, imponían la prohibición de sacrificios, la pena más grave entre los galos. Quienes recibían esa prohibición eran considerados impíos y evitados por la comunidad.
Organización y liderazgo
Todos los druidas obedecían a un único líder de gran autoridad. Tras su muerte, el sucesor podía ser elegido por mérito, por voto de los druidas o, en caso de empate, incluso por combate. Cada año, en una fecha fija, se reunían en un lugar consagrado en la región de los Carnutes, considerado el centro de la Galia, donde recibían a los que tenían disputas y emitían sus sentencias.
Educación y enseñanzas
Los druidas se eximían de la guerra y de los impuestos, lo que atraía a muchos aspirantes. Sus discípulos estudiaban durante hasta veinte años, memorizando una gran cantidad de versos. Creían que la religión prohibía la escritura de sus doctrinas para evitar su divulgación y para no que la memoria se debilitara. Enseñaban que el alma es inmortal y reencarna, idea que fomentaba el valor ante la muerte. Además, se dedicaban a la astrología, a la medición del mundo y la tierra, y a la reflexión sobre la naturaleza, los dioses y la moral.
Estructura intelectual celta
Según Estrabón y otras fuentes, la clase intelectual celta se dividía en tres grupos: los bardos (poetas), los ovates (encargados de sacrificios y adivinación) y los druidas, considerados filósofos y teólogos que interpretaban la naturaleza y la moral. Esta última categoría era la más prestigiosa por su amplio conocimiento.
Druida conocido
El único druida que se menciona por nombre es Diviciacos de los Aedui, protagonista destacado en las Guerras de las Galias. Cicerón lo encontró en Roma y lo citó en su obra “De divinatione”.
Arqueología
Identificar restos arqueológicos de druidas es complejo. Un caso probable es la tumba de Pogny, donde se halló a un hombre acompañado de utensilios rituales, un clavete y dos tipos de cucharas, lo que sugiere una posible conexión druidica.