Los sajones fueron un pueblo germánico perteneciente a la rama occidental de las lenguas indoeuropeas. Aparecen por primera vez en los escritos del astrónomo y geógrafo egipcio Claudio Ptolomeo, quien los ubica en la Jutlandia y en la zona que hoy corresponde a Schleswig‑Holstein, extendiéndose hacia el sur y el oeste.
En la isla de Gran Bretaña
Junto a ánglos, jutos y frisios, los sajones invadieron Britania en la Alta Edad Media. Según la tradición inglesa, relatada por el venerable Beda, la primera expedición estuvo liderada por los hermanos Hengisto y Horsa, invitados por el rey breton Vortigerno alrededor del año 450 para defender la isla de los pictos, una tribu nativa no romanizada. La arqueología confirma la presencia de mercenarios germánicos alrededor de Londres desde los primeros años del siglo V.
La llegada de los sajones y el colapso del Imperio Romano en Britania dieron origen a un período de inestabilidad que la historiografía inglesa denominó la Edad Oscura. Las guerras y epidemias provocaron una fuerte despoblación, lo que favoreció la germanización de la antigua provincia romana durante el siglo V.
A partir del siglo VI se formaron cuatro reinos sajones en el sur de la isla: Essex (este), Sussex (sur) y Wessex (oeste), además de Middlesex, que pronto se incorporó al reino de los ánglos. Los sajones mostraron una resistencia notable al cristianismo, que sólo llegó al reino de Kent a principios del siglo VII gracias al misionero romano Pablo.
En el siglo VII aparecen los bretwaldas, “sobrerreyes” entre los anglosajones, pero no fue sino hasta el siglo X que la dinastía sajona de Wessex, bajo el reinado de Alfredo el Grande, logró unificar la isla, aunque brevemente antes de la conquista normanda.
El idioma sajón dio origen al inglés antiguo, que evolucionó hasta el inglés moderno y todavía sobrevive en los dialectos bajo-sajones.
Sajones en el continente
La mayor parte de los sajones permaneció en Europa continental. En el siglo VIII seguían siendo paganos pese a los esfuerzos de misioneros anglosajones como San Willibrord (c. 657‑738) y San Bonifacio (680‑755), que evangelizaron a los frisios.
Al final del siglo VIII los sajones germánicos fueron incorporados al Ducado de Sajonia. Carlomagno, mediante sus campañas entre 772 y 804, los obligó a bautizarse; su líder más famoso, Widukind, finalmente aceptó la cristianidad.
Según la costumbre carolingia, los sajones tuvieron que pagar tributo y proporcionar tropas al señor feudal, al igual que los pueblos eslavos de los abodritas y wendos.
Los duques de Sajonia gobernaron gran parte de Alemania en el siglo X, pero el ducado se disolvió en 1180. La Casa de Sajonia luego reinó sobre el Reino de Sajonia y el de Turingia, que más tarde se convirtió en el Ducado de Sajonia.
Posteriormente, el Ducado de Sajonia se transformó en un electorado dentro del Sacro Imperio Romano Germánico, y se dividió en varios estados: Saxe‑Coburg, Saxe‑Gotha‑Altenburg, Saxe‑Lauenburg, Saxe‑Meiningen, Saxe‑Weimar y Saxe‑Hildburghausen.
El territorio conocido como Reino de Sajonia (1806‑1918), situado en el sureste de Alemania, recibió su nombre tras la adquisición del Ducado de Sajonia por el Margrave de Meissen en 1423, aunque su territorio no coincidía con la zona original sajona.
Sajones de Transilvania
En el siglo XIII colonos sajones emigraron a Transilvania, actual Rumanía, donde formaron una comunidad de aproximadamente 250 000 personas a principios del siglo XX.
Muchos abandonaron la región al final de la Segunda Guerra Mundial y el éxodo continuó en los años 70 y 80 debido a la política de romanización del régimen de Ceaușescu. La mayor parte emigró a Alemania a principios de los años 90, poniendo fin a ocho siglos de presencia sajona en la zona.
Sajones actuales
Tres estados federales de la Alemania contemporánea llevan el nombre de los sajones: Sajonia, Sajonia‑Anhalt y Baja Sajonia.