Historia antigua

Primera guerra civil romana entre Mario y Sila

Los protagonistas

Mario

Mario, nacido cerca de Arpino en el 157 a.C., era un plebeyo, es decir, provenía de la clase popular de la ciudadanía romana. Se casó con Julia César, tía de Julio César. Durante la guerra contra el rey númida Jugurta, fue nombrado lugarteniente del cónsul Metelo en el 105 a.C. Su carisma ganó la lealtad de sus soldados, aunque Metelo lo despreciaba por su origen. A pesar de que Metelo le impidió presentarse a tiempo a las elecciones consulares, Mario obtuvo el apoyo de la plebe y fue elegido cónsul, para luego regresar a África y derrotar a Jugurta. Defendió la facción popular (populares) y es recordado como un hábil estratega militar, aunque menos competente en política.

Sila

Lucio Cornelio Sila, conocido como Sila, nació en el 138 a.C. Pertenecía a la gens Cornelia, una de las familias patricias más ricas y poderosas de Roma, por lo que defendía a los optimates, la facción aristocrática.

Sila se destacó militarmente al lado de Mario, entonces cónsul. Como lugarteniente, capturó al rey númida Jugurta, lo que le granjeó reconocimiento y credibilidad para su futura carrera.

Sus conflictos

Los enfrentamientos entre ambos surgieron de sus posiciones opuestas:

  • Mario era un republicano ferviente de origen plebeyo.
  • Sila representaba a la aristocracia patricia.

Además, el orgullo de Mario le impidió aceptar que Sila fuera enviado a reorganizar las provincias griegas de Asia Menor.

Guerra política y civil (88‑87 a.C.)

En el 88 a.C., Sila, tras sus victorias en la guerra social y en Númida, fue elegido cónsul. Mario, por su parte, logró que se le asignara el mando contra el rey Mitrídates VI de Ponto, lo que le habría permitido recuperar prestigio. Sin embargo, esa asignación le quitó autoridad a Sila, quien era el cónsul legítimo para dirigir la campaña.

Los disturbios provocados por Mario obligaron al exiliado a regresar a Roma con sus tropas, iniciando la primera guerra civil. El apoyo de los Caecilii Metelli a Sila reforzó su posición, pero un plebiscito impulsado por el tribuno Rúfio logró que Mario mantuviera el mando.

Sila, ya con su propio ejército, fingió aceptar la decisión, pero rápidamente marchó desde Campania hacia Roma, violando una tradición legendaria que prohibía a los romanos cruzar con armas los límites fundados por Rómulo. Su objetivo era restaurar la legalidad, aunque su método fue sin precedentes.

Tras derrotar a la mayor parte de las fuerzas populares, Sila promulgó un senatus‑consulto que declaró proscritos a sus adversarios. Mientras el tribuno Rúfio era ejecutado, Mario escapó a la isla de Isquia y, después, a África, donde vivió una serie de aventuras románticas narradas por Plutarco. Sila, satisfecho, dirigió sus tropas hacia el mar Negro.

Consecuencias

En el 87 a.C., Mario aprovechó la ausencia de Sila para regresar a Roma y formar una alianza con Lucio Cornelio Cinna; ambos encabezaron la facción popular.

Mario fue elegido cónsul en el 86 a.C., persiguió y mató a los seguidores de Sila y murió poco después. En el 83 a.C., Sila regresó a Roma y ejecutó una masacre contra los opositores, especialmente los populares liderados por Cinna tras la muerte de Mario. La rivalidad entre ambas facciones desembocó en una segunda guerra civil en el 82 a.C.

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