
Felipe IV (Valladolid, 8 de abril de 1605 – Madrid, 17 de septiembre de 1665), llamado "el Grande" o "el rey‑planeta", reinó sobre España y sus dominios en América desde la muerte de su padre, Felipe III, el 31 de marzo de 1621 hasta su propio fallecimiento. Además ostentó los títulos de Rey de los Dos Sicilias, Rey de Portugal y Soberano de los Países Bajos.
Juventud
Felipe Domingo Víctor de la Cruz nació en Valladolid el 8 de abril de 1605, hijo tercero y primogénito de Felipe III y la archiduquesa Margarita de Austria. Fue bautizado una semana después en la iglesia conventual de San Pablo, con el duque de Lerma como padrino.
En los últimos años del reinado de Felipe III, la corte se vio envuelta en intrigas mientras la nobleza luchaba por ganar la influencia del futuro rey, el príncipe Felipe de Asturias. Las rivalidades principales fueron entre el duque de Lerma y el duque de Uceda, este último apoyado por el conde‑duque de Olivares. En 1618 el duque de Lerma cayó en desgracia y el duque de Uceda tomó su lugar.
Felipe III murió el 31 de marzo de 1621 tras una fiebre contraída en 1619 durante su regreso de Portugal, donde había reconocido al príncipe de Asturias como heredero del trono portugués.
Política interior
El ascenso de Olivares (1621‑1643)
Al día siguiente de la muerte de Felipe III, el conde‑duque de Olivares empezó a consolidar una facción cercana al monarca, apoyado por su tío Baltasar de Zúñiga, quien fue nombrado primer ministro. En 1622 Olivares recibió el título de Gran de España y se convirtió en el valido principal de Felipe IV.
Reformas de Olivares
Olivares impulsó una ambiciosa agenda de reformas: buscó unificar los reinos bajo la legislación castellana, combatir la corrupción (detuvo a los duques de Uceda y Osuna, confiscó bienes del duque de Lerma y ejecutó a Rodrigo Calderón) y promover la demografía prohibiendo la emigración y favoreciendo la natalidad.
En educación fundó el primer Colegio Real en Madrid (1629) y apoyó instituciones jesuíticas en todo el reino. Económicamente, enfrentó una grave crisis creando nuevos impuestos y tratando de fundar un banco nacional, proyecto que fracasó por la oposición de la nobleza. Recurría a la venta de cargos, la manipulación monetaria y préstamos de banqueros judíos portugueses.
Militarmente, intentó aplicar la "Unión de Armas" (1625), que obligaba a cada territorio a contribuir al mantenimiento de un ejército común. La carga recaía sobre Castilla, provocando descontento que desembocó en revueltas en Cataluña, Aragón, Portugal y Andalucía.
Revueltas de 1640
En Cataluña, la negativa a participar en la Unión de Armas y la presencia de tropas españolas en Roussillon provocaron el levantamiento del 7 de junio de 1640. La Generalitat proclamó la República Catalana y, en enero de 1641, entregó la corona a Luis XIII de Francia. La batalla de Montjuïc (26 de enero de 1641) derrotó al ejército de Felipe IV.
En Aragón, la nobleza alzó al duque de Hijar, pero la revuelta fue sofocada. En Portugal, una conspiración noble instaló a don Juan de Braganza como rey Juan IV en diciembre de 1640, iniciando la Guerra de Restauración que duraría 28 años.
Andalucía también sufrió intentos separatistas liderados por el marqués de Ayamonte y el duque de Medina Sidonia, rápidamente aplastados.
Caída de Olivares
Tras la derrota en Lérida (1642), Felipe IV expulsó a Olivares el 23 de enero de 1643. La política de unión quedó abandonada y cada territorio recuperó sus fueros.
Gobierno personal (1643‑1665)
Felipe IV gobernó solo, asistido por Luis de Haro (sobrino de Olivares) y la mística española María de Ágreda, con quien mantuvo una larga correspondencia.
En 1643 tuvo lugar la batalla de Rocroi, que marcó el fin del dominio de los tercios españoles. En 1644 recuperó Monzón y Lérida, jurando obedecer las leyes catalanas. El tratado de Westfalia (1648) cerró varios frentes, dejando a Francia como único adversario.
En 1651 se inició el asedio de Barcelona, que terminó con la rendición francesa en 1652. Sin embargo, España perdió Portugal definitivamente tras una serie de derrotas (Elvas 1659, Ameixial 1663, Castelo Rodrigo 1664, Montes Claros 1665). Aun así, Felipe IV siguió ostentando el título de "rey de todas las Españas".
En el sur, el Reino de Nápoles y Sicilia experimentaron revueltas alimentarias en 1647, sofocadas gradualmente.
Política cultural brillante
Felipe IV fue uno de los más grandes mecenas del Siglo de Oro. Patrocinó a Diego Velázquez desde sus veinte años, lo ennobleció y encargó obras a artistas internacionales como Rubens, Poussin, Claude Lorrain y Massimo Stanzione.
Como coleccionista, adquirió más de 800 obras, incluyendo piezas de Rafael, Mantegna, Dürer, Tiziano y Tintoretto; gran parte de esa colección forma hoy el núcleo del Museo del Prado. Protegió también a escritores como Lope de Vega y Calderón de la Barca.
En arquitectura impulsó la construcción del Palacio del Buen Retiro en Madrid.
Política exterior caótica
Guerra contra los Países Bajos (1621‑1648)
Tras el fin de la tregua de los Doce Años, España reanudó hostilidades con la República Unida. Destacaron la captura de Breda (1624‑25) y la derrota naval en la Batalla de los Downs (1639). El conflicto concluyó con el Tratado de Münster (30 de enero de 1648), parte de la Paz de Westfalia.
Conflictos con Inglaterra (1625‑1628 y 1654‑1660)
La guerra anglo‑española de 1625 terminó con la derrota inglesa en Cádiz. Más tarde, la Guerra Anglo‑Española (1654‑1660) vio la pérdida de Jamaica (1655) y la derrota en la batalla de Santa Cruz de Tenerife (1657). El conflicto finalizó en 1660 tras la Restauración de Carlos II.
Guerra contra Francia (1635‑1659)
Francia, bajo Richelieu y luego Mazarin, se opuso a España, apoyando a los protestantes del Sacro Imperio y declarando la guerra en 1635. Tras derrotas como Rocroi (1643) y las Dunes (1658), España firmó el Tratado de los Pirineos (1659), cediendo Artois, partes de Flandes y Roussillon, y sellando la unión matrimonial entre Luis XIV y la infanta María Teresa.
Últimos años y legado
En septiembre de 1665 Felipe IV enfermó gravemente, probablemente de disentería, y falleció el 17 del mismo mes. Fue sepultado en la cripta real del Monasterio de El Escorial. Su reinado marcó el fin del predominio español en Europa, pero también el apogeo cultural del Siglo de Oro.
Familia
Felipe IV contrajo dos matrimonios. Con la infanta Isabel de Francia (1615‑1644) tuvo ocho hijos, entre ellos el príncipe Baltasar Carlos y la futura reina María Teresa, esposa de Luis XIV. Con su sobrina, la archiduquesa María Ana de Austria (1649‑1696), tuvo cinco hijos, incluido el futuro Carlos II.
También reconoció varios hijos ilegítimos, entre ellos Francisco Fernando (1626) y el actor Jean Joseph (1629‑1679).
En la literatura y el cine
Su figura ha inspirado novelas como "El rey pasmado" de Gonzalo Torrente Ballester (1989) y la trilogía de "Alatriste" de Arturo Pérez‑Reverte, así como películas: "El rey pasmado" (1991) de Imanol Uribe y "Alatriste" (2006) de Agustín Díaz Yanes.