Creación y organización
El 30 de fructidor del año XI (17 de septiembre de 1803) se creó un batallón de marineros para integrar la Guardia del Consulado. El cuerpo estaba formado por cinco escuadrones y un Estado Mayor, y la mayor parte de sus miembros fueron reclutados en el sur de Francia y en Córcega.
Su armamento se dividía en tres grupos: sables, hachas y picas, distribuidos por tercio del batallón. Cada marinero llevaba también un par de pistolas en el cinturón. Es probable que las armas de fuego largas (rifles) sólo se les asignaran después de que el batallón se incorporara a la Guardia Imperial, el 29 de julio de 1804.
Funciones y campañas
Originalmente, su misión era equipar los buques que transportarían al Emperador Napoleón y su Estado Mayor hacia Inglaterra. Los marineros abandonaron los campamentos de la costa del Atlántico y acompañaron al Gran Ejército en sus campañas.
Participaron en la campaña de Austria en 1805, transportando por ríos alimentos, municiones y piezas de artillería que resultaba difícil mover por tierra. Fueron testigos de la capitulación de Ulm el 20 de octubre y de la batalla de Austerlitz, aunque sin intervenir directamente. Regresaron a París en 1806.
Ampliación y declive
El 16 de septiembre de 1810, un decreto elevó el número de marineros de la Guardia a 1 136 hombres, reorganizándolos en seis compañías, a las que se añadieron dos más en 1811.
Fueron disueltos en Fontainebleau en abril de 1814, aunque un destacamento de 35 marineros acompañó al Emperador en su exilio. Durante los Cien Días, Napoleón restableció la unidad, pero sólo quedó un escuadrón de 150 hombres.
Tras una destacada participación en la defensa de París, los marineros fueron trasladados más allá del Loira y dados de baja de forma permanente. A pesar de su reducido número, dejaron una huella importante en la historia militar napoleónica.