Resumen
El Domingo Sangriento tuvo lugar el 9 de enero de 1905 (calendario juliano) o el 22 de enero de 1905 (calendario gregoriano). En esa fecha una manifestación pacífica de obreros y campesinos en San Petersburgo fue brutalmente reprimida por las tropas del zar Nicolás II, provocando una masacre que marcó el inicio de la Revolución de 1905.
Contexto histórico
A comienzos del siglo XX Rusia estaba gobernada por una monarquía absoluta, el zarismo, encabezado por la dinastía Romanov. No existía un parlamento y la policía política perseguía cualquier forma de oposición. La industrialización tardía y la falta de inversión en la agricultura generaron una enorme brecha entre la élite y la mayoría campesina y obrera, que vivía en la pobreza, el hambre y la miseria.
En este clima surgieron ideas socialistas, impulsadas por el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR) y sus facciones bolcheviques, que abogaban por una revolución armada.
El desencadenante
A finales de 1904, cuatro obreros fueron despedidos de una fábrica de San Petersburgo sin justificación válida. El sacerdote ortodoxo Gueorgui Gapon, líder de la Asamblea de Obreros Rusos, organizó una huelga general y convocó una marcha al Palacio de Invierno para presentar una petición al zar.
La marcha
El 9 de enero de 1905 (22 de enero del calendario gregoriano) miles de trabajadores, acompañados de imágenes religiosas y retratos del zar, marcharon pacíficamente por las calles de la capital con la intención de entregar una carta que exigía aumentos salariales, reducción de la jornada laboral y la promulgación de una Constitución con elecciones libres.
El zar Nicolás II no respondió a la petición y ordenó a la guardia del Palacio que disparara contra la multitud. El tiroteo se convirtió en una masacre: se estiman entre 130 y más de 1 000 muertos y cientos de heridos.
Consecuencias
El Domingo Sangriento provocó una profunda indignación en toda Rusia. Nicolás II pasó a ser llamado “Nicolás el Sangriento” y la confianza en la monarquía se desplomó. La masacre desencadenó una ola de protestas y huelgas en todo el país, conocidas como la Revolución de 1905, que incluyeron demandas de mejoras económicas, fin del autoritarismo y reformas políticas.
Descontento por la pobreza y la desigualdad.
Rechazo al autoritarismo zarista.
Frustración por la derrota en la guerra ruso‑japonesa.
Estos disturbios anticiparon los acontecimientos que, dos décadas después, culminarían con la Revolución de 1917.