Historia antigua

Alemania y la Segunda Guerra Mundial: una nación avergonzada, 75 años después

Alemania y la Segunda Guerra Mundial: una nación avergonzada, 75 años después

El último día del Tercer Reich

El 30 de abril de 1945, el Ejército Rojo ya había llegado al centro de Berlín, a escasos pasos de la Cancillería. Hitler, decidido a no caer en manos de los soviéticos, se quitó la vida. Los leales quemaron los cuerpos del Führer y de su esposa Eva Braun y los enterraron cerca de la salida del búnker.

El 8 de mayo se firmó la rendición incondicional de Alemania, poniendo fin a la guerra en Europa y al llamado "Reich de mil años". En Asia el conflicto continuó hasta el 2 de septiembre, cuando Japón capituló tras los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki.

Costos humanos y materiales

Se estima que la Segunda Guerra Mundial cobró más de 60 millones de vidas. Los daños materiales fueron catastróficos en todos los países involucrados. Alemania, responsable del inicio del conflicto y del genocidio en los campos de concentración, quedó con gran parte de sus ciudades prácticamente arrasadas.

¿Día de derrota o de liberación?

En el Museo de Historia de la Alemania de Posguerra en Bonn, el político socialista Egon Bär dijo: «Claro que fuimos derrotados, pero, ¿qué más? Al mismo tiempo, fue también un día de liberación para nosotros. Lo único que nos importaba en ese momento era sobrevivir». La mayoría de los alemanes compartieron ese sentimiento: trauma, pérdidas y desplazamientos masivos.

Se calcula que entre 800 000 y 2 millones de mujeres fueron violadas, mayoritariamente por soldados soviéticos. Casi 14 millones de alemanes fueron expulsados de los territorios de la antigua Alemania oriental y central, obligados a integrarse en una sociedad devastada. Esa experiencia forjó una conciencia que hoy resuena en la crisis de refugiados de 2015.

De la sombra nazi al renacimiento

Tras dificultades políticas y sociales, la Alemania de la posguerra logró salir de la sombra nazi. El proceso de Vergangenheitsbewältigung (asumir el pasado) comenzó en la República Federal en la década de 1960. Durante décadas la mayoría de los alemanes no sentían orgullo por su país, pero la reunificación en 1990 y la organización del Mundial 2006 cambiaron gradualmente esa percepción; la bandera alemana volvió a ondear sin vergüenza.

Desafíos contemporáneos

En los últimos años el conocimiento de las nuevas generaciones sobre la guerra y el nazismo está disminuyendo, mientras aumenta la violencia de extrema derecha. Muchos políticos acusan al partido Alternativa para Alemania (AfD) de ser el autor moral de estos retrocesos.

La AfD rechaza las acusaciones, pero sus dirigentes continúan provocando polémica. En 2018, el ex‑presidente Alexander Gauland afirmó que «Hitler y los nazis fueron sólo un parpadeo en más de mil años de historia alemana exitosa». Un año antes, Björn Hecke, líder del partido en Turingia, calificó el Memorial del Holocausto en Berlín como «un monumento de la vergüenza» y describió la política de memoria como «estúpida». Estas declaraciones no han frenado el ascenso del partido; según el historiador Florian Huber, la AfD representa ya una parte importante de la sociedad alemana.

Una posición clara del gobierno

La canciller Angela Merkel tomó una postura firme el 6 de diciembre de 2019, durante su primera visita al campo de concentración de Auschwitz, subrayando: «No podemos olvidar el pasado, ni relativizarlo». Las encuestas indican que la mayoría de los ciudadanos alemanes comparten esa responsabilidad moral.

FUENTE: DW