Boris Kustodiev, «El bolchevique», 1920
El Domingo Rojo y la crisis del zarismo
El 22 de enero de 1905, conocido como el Domingo Rojo, marcó un punto de inflexión en el régimen zarista. Miles de manifestantes, muchos de ellos niños y madres, se dirigieron a la corte de Nicolás II exigiendo reformas. El zar, confiado en la represión, ordenó a sus tropas disparar contra la multitud, dejando muertos y heridos entre civiles, mujeres y niños.
La abdicación y la Revolución de Octubre
Doce años después, la Revolución de Febrero de 1917 obligó a Nicolás II a abdicar el 3 de marzo. El poder quedó en manos del Gobierno Provisional, mientras los líderes bolcheviques, encabezados por Lenin y Trotsky, organizaban la Revolución de Octubre que, en noviembre de 1917, derrocó al gobierno provisional y estableció la dictadura del proletariado.
El fin del zarismo y la muerte de Nicolás II
El 17 de julio de 1918, la familia Romanov fue ejecutada en Ekaterimburgo, poniendo fin definitivo a la monarquía zarista. Con la muerte de Nicolás II, el antiguo sistema autocrático desapareció, aunque el nuevo Estado soviético buscó consolidar su ideología a nivel internacional.
El bolchevismo como amenaza internacional
Desde 1915, Lenin y Trotsky habían criticado el capitalismo por su papel en la Primera Guerra Mundial. En 1917, el bolchevismo se convirtió en una verdadera amenaza para las potencias europeas. Trotsky fundó el Ejército Rojo para defender la Revolución contra el Ejército Blanco y contra los países que la percibían como peligrosa.
Impacto en Europa
El colapso del zarismo inspiró movimientos socialistas y revolucionarios en Hungría, Austria, Italia y otros países, que comenzaron a acercarse a sistemas más izquierdistas, aunque con resultados muy diversos.