El término "crisis de Agadir" o "golpe de Agadir" se refiere al episodio militar y diplomático de 1911 entre Francia y Alemania, provocado por el envío del buque de guerra alemán SMS Panther a la bahía de Agadir, en Marruecos.
Causas
A comienzos del siglo XX, Francia, que ya administraba Argelia desde 1830, temía por la seguridad de su frontera con Marruecos y deseaba expandir su influencia en el país. Marruecos, entonces uno de los últimos territorios africanos no colonizados, despertaba el interés de varias potencias europeas, sobre todo Francia y el Imperio alemán, que buscaba ponerse al día en materia de posesiones coloniales.
En 1904 Francia y Gran Bretaña firmaron la "Entente Cordiale", concediendo a Reino Unido libertad de acción en Egipto a cambio de que Francia pudiera establecer un protectorado en Marruecos.
En marzo de 1905 el emperador Guillermo II visitó Tánger para reafirmar las pretensiones alemanas sobre Marruecos, provocando la llamada "crisis de Tánger". Para calmar la tensión se celebró la Conferencia de Algeciras (1906), que otorgó a Alemania un derecho de vigilancia sobre los asuntos marroquíes, mientras que Francia y España obtuvieron privilegios especiales en materia policial y bancaria.
En marzo de 1911 el sultán Moulay Abd al‑Hafid, amenazado por una revuelta, solicitó ayuda a Francia. En mayo, tropas francesas ocuparon Rabat, Fez y Meknes. Alemania, al considerar que esa ocupación violaba los acuerdos de Algeciras, decidió reaccionar.
Procedimiento
El 1 de julio de 1911, bajo el pretexto de proteger a cuatro ciudadanos alemanes y a la empresa Mannesmann en el valle del Sous, Alemania envió el buque de guerra SMS Panther a la bahía de Agadir, que había estado cerrada al comercio extranjero hasta 1881. A partir de mediados de julio el Panther fue reforzado periódicamente por el crucero SMS Berlin y el buque de guerra SMS Eber.
El despliegue pretendía frenar la expansión francesa en Marruecos y debilitar la Entente Cordiale. Gran Bretaña apoyó de inmediato a París y amenazó a Berlín. Francia, con amplio respaldo interno, mostró firmeza y no descartó una respuesta militar. Ambos países se encontraban al borde del conflicto.
El gobierno francés, liderado por Joseph Caillaux, prefirió la negociación. Las conversaciones, en las que participaron el presidente del Consejo Joseph Caillaux, el embajador francés en Berlín Jules Cambon y el ministro de Relaciones Exteriores alemán von Kinderlen, culminaron con la renuncia alemana a sus pretensiones marroquíes a cambio de que Francia cediera a Alemania 272 000 km² de territorios en África Central (Gabon, Congo Medio y Oubangui‑Chari) a favor del Camerún alemán. El acuerdo se firmó el 4 de noviembre de 1911 en Berlín; los buques alemanes abandonaron Agadir el 28 de noviembre del mismo año.
Consecuencias
En marzo de 1912, mediante el Tratado de Fez, Francia impuso al sultán Moulay Abd al‑Hafid su protectorado sobre Marruecos, convirtiendo la independencia marroquí en una fachada. El general Lyautey fue nombrado residente general, es decir, gobernador de Marruecos, y Francia controló más de la mitad de la costa norte de África.
El enfrentamiento franco‑alemán anticipó la Primera Guerra Mundial, puso a prueba la alianza franco‑británica y acentuó la hostilidad alemana hacia el Reino Unido. Algunos historiadores, como Serge Bernstein y Pierre Milza, consideran que la crisis dejó a Alemania una ganancia sustancial en África, pese a la crítica de la prensa nacionalista alemana que la calificó de “pondos congoleños”. Henry Kissinger señala que la agresiva política alemana generó temores y una coalición contra ella sin obtener beneficios reales. Como consecuencia indirecta, Reino Unido y Francia acordaron dividir sus áreas marítimas de influencia: el Atlántico para el primero y el Mediterráneo para el segundo, lo que aumentó la obligación británica de entrar en la Gran Guerra.
Análisis de Jacques Bainville
“En 1911 se repitió la escena: un buque alemán se posicionó frente a Agadir y el gobierno de Berlín, tras esta demostración de fuerza, exigió una ‘compensación’. Caillaux, entonces presidente del Consejo, accedió. La compensación consistió en la cesión de parte del Congo a Alemania. Para Alemania fue un éxito diplomático y una ventaja real, aunque la prensa la ridiculizó, acusando al Imperio de haber sido engañado.
De la crisis surgieron dos lecciones: para Alemania, Marruecos era un pretexto inadecuado para la guerra, pues cualquier conflicto habría reforzado la alianza franco‑rusa y la comprensión con Inglaterra; y para Francia, las concesiones solo confirmaron la debilidad percibida, incitando a una Alemania más beligerante. Tras Agadir, Alemania dejó de interesarse por Marruecos y centró su atención en los problemas del Este, mientras que Francia vio ascender al más nacionalista de los izquierdistas, Raymond Poincaré, quien asumió el cargo de presidente del Consejo en enero de 1912.”