Una vista curiosa en Porte Maillot
Los parisinos observan con curiosidad el asombroso edículo de la Porte Maillot, cuyas líneas recuerdan a una libélula desplegando sus alas o, según otros, a un modesto paraguas invertido.
El recorrido
Los más atrevidos bajan las escaleras, se maravillan con la agradable temperatura del vestíbulo y, con una simpatía contenida, perciben el olor a creosota que perfuma el ambiente. Tras adquirir su boleto, llegan a la plataforma y admiran los elegantes vagones recién barnizados. En cada compartimento, un empleado verifica que las puertas estén bien cerradas.
¡En coche! El tren parte a toda velocidad, dejando atrás las estaciones (diez de dieciocho) que aún no están abiertas al público.
¡Qué milagro! Llegamos al terminus sin incidentes: ningún túnel colapsó, ningún viajero resultó electrocutado.
Obras en marcha
El objetivo es claro: construir cinco líneas más. París se transforma en un auténtico sitio de construcción, para desazón de los taxistas y los comerciantes de temporada.
Dificultades técnicas
Surgen mil problemas, mayormente por infiltraciones de agua. En la zona de la Avenida Gambetta, el subsuelo está formado por arenas acuíferas que requieren drenaje. Por otro lado, la línea circular sur atraviesa antiguas canteras que amenazan con colapsar.