Preparativos japoneses en el Sudeste Asiático
El ejército japonés decidió añadir un regimiento completo de ingenieros a cada una de las divisiones del XXV Ejército, además de un cuarto bajo órdenes directas de Yamashita. Se aprobó un nuevo tipo de puente y el material necesario para su construcción, y los ingenieros comenzaron un intenso entrenamiento en la jungla de Formosa.
Cambios políticos y estratégicos
Mientras se desarrollaban los preparativos militares, la situación política evolucionaba rápidamente. En julio, las fuerzas japonesas invadieron el sur de Indochina, convirtiendo a Saigón en una base naval y aérea de avanzada para un posible asalto a Malasia. El 23 de septiembre el ejército imperial avanzó hacia el norte de Indochina y, cuatro días después, Tokio firmó el Pacto Tripartito con Berlín y Roma, que reconocía el derecho de Japón a reorganizar todo el Lejano Oriente y comprometía asistencia mutua entre las tres naciones.
Decisiones clave para la ofensiva del sudeste
El 6 de septiembre se celebró un consejo, en presencia del emperador, donde se aceptó un compromiso elaborado entre el gabinete y el alto mando. Se fijó como fecha límite el final de octubre para concluir las negociaciones diplomáticas con Estados Unidos y terminar los preparativos de guerra. Se descartó un ataque a Rusia y se adoptó la ofensiva en el sur – Tailandia y Malasia. El almirante Yamamoto, que se oponía a una guerra contra EE. UU. y el Reino Unido, fue tachado de derrotista; la marina se alineó entonces con el ejército, exigiendo un bombardeo previo intenso a los defensas costeros y aeródromos, mientras el ejército defendía la sorpresa y la rapidez del desembarco.
Condiciones meteorológicas y plazo decisivo
El oficial meteorológico de Formosa, el doctor Nishimura, pronosticó vientos moderados el 6 y 7 de diciembre, pero a partir del 8 el monzón del noreste traería mares cada vez más agitados. Por ello, el 8 de diciembre se estableció como fecha límite para el aterrizaje; cualquier retraso provocaría la cancelación de la operación y obligaría a posponerla hasta abril.
El punto de inflexión naval
El alto mando naval se mantuvo firme en su postura, considerando inaceptables los riesgos para sus buques. Ante el estancamiento, el vicealmirante Jisaburō Ōzawa, nombrado comandante supremo de las fuerzas combinadas, intervino. Entendiendo la urgencia del ejército, declaró que la marina debía aceptar el plan del ejército “incluso a riesgo de ser aniquilada”. Con esa frase, la discusión quedó cerrada.
Yamashita al mando del XXV Ejército
El XXV Ejército no tuvo comandante operativo hasta el 5 de noviembre, cuando se nombró al general Tomoyuki Yamashita. Aclamado como uno de los mejores oficiales japoneses, Yamashita también contaba con poderosos enemigos, entre ellos el propio primer ministro Tojo. Pertenecía al Kōdaha, un grupo extremista que intentó un golpe en 1932, y había sido relegado a Manchuria para mantenerlo alejado del poder. Al asumir el mando, sabía que cualquier error significaría su despido y deshonra inmediata. Además, su superior, el general Terauchi, comandante del Ejército del Sur, era un viejo rival, lo que dejaba a Yamashita aislado y dependiente de una victoria rápida.