Historia antigua

Cohetes

Cohetes

Cohetes contra submarinos en la Segunda Guerra Mundial

Durante la guerra, el uso de cohetes avanzó enormemente. En la lucha antisubmarina se emplearon de dos formas particularmente interesantes.

El cohete “arpón” de 76 mm

Se trataba de un sencillo motor de combustible sólido de 76 mm, con una ojiva de 11 kg capaz de perforar el casco de un submarino. Su único objetivo era abrir un agujero que impidiera al buque sumergirse, obligándolo a permanecer a la superficie para ser atacado con armas convencionales.

Con el nombre oficial “Cohete de avión modelo I de 76 mm”, fue entregado a la Marina británica y entró en combate en mayo de 1943. Un Swordfish del portaaviones Archer, pilotado por el alférez Horrocks, sorprendió al U‑752 en la superficie y disparó una salva de ocho cohetes; uno de ellos atravesó el casco. Un Wildcat que acompañaba al Swordfish abrió fuego con ametralladoras contra el submarino inmovilizado, lo que obligó a la tripulación a abrir las compuertas y abandonar el buque.

La “retro‑bomba” de 16 kg

Los aviones equipados con detección magnética de submarinos (MAD) enfrentaban un problema: al detectar un submarino bajo el agua, el tiempo era insuficiente para lanzar una bomba convencional, que caería adelantada al avión. La solución, desarrollada por el Instituto Tecnológico de California, fue la “retro‑bomba”.

Se trataba de una bomba de alto explosivo con una mecha de contacto y un pequeño motor cohete en la parte frontal. El motor estaba calibrado para impulsar la bomba a la misma velocidad que el avión, pero en sentido contrario, de modo que, al activarse, la bomba se separaba del avión y retrocedía verticalmente hasta impactar sobre el submarino. Un circuito automático disparaba tres salvas a intervalos cronometrados, creando una dispersión de tres líneas de 30 m de longitud, separadas 27 m entre sí, cubriendo así la longitud típica de un submarino y garantizando una alta probabilidad de impacto.

Operaciones en el Estrecho de Gibraltar

Los aviones con MAD no podían operar en todas las aguas, pues su eficacia dependía de condiciones geográficas específicas. El Estrecho de Gibraltar resultó ser una zona ideal. En 1944, una escuadrilla de aviones Catalina, apodados popularmente “MAD‑Cats”, patrulló el estrecho e interceptó eficazmente el paso de los U‑boat hacia el Mediterráneo.

Estas innovaciones demostraron cómo la tecnología de cohetes y la ingeniería creativa ampliaron las capacidades antisubmarinas durante la guerra.

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